Pesca en la milla 201: por qué se concentran buques extranjeros al límite del Mar Argentino
La presencia de flotas pesqueras extranjeras en la denominada milla 201, en el límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, volvió a generar debate en torno al control de los recursos marítimos y la capacidad de vigilancia del Estado.

La discusión se reactivó en los últimos días a partir de la difusión de imágenes que muestran decenas de barcos operando en esa franja del Atlántico Sur, así como por el caso del pesquero Bao Feng, sancionado por ingresar de manera ilegal a aguas bajo jurisdicción nacional.
La milla 201 es el área que comienza inmediatamente después de las 200 millas marinas desde la costa, límite hasta el cual Argentina ejerce derechos soberanos sobre los recursos naturales. Más allá de esa línea se extiende la alta mar, donde la actividad pesquera es legal bajo normas internacionales.
Sin embargo, la situación presenta complejidades. Según el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, en esa zona operan flotas extranjeras sobre especies migratorias como el calamar argentino y la merluza, que se desplazan entre aguas nacionales e internacionales.
Cada temporada, especialmente durante la zafra del calamar Illex argentinus, se concentran cientos de embarcaciones en el área. La Prefectura Naval Argentina ha informado que llega a monitorear más de 500 buques, en su mayoría provenientes de países de Asia oriental como China, Corea del Sur y Taiwán.
El atractivo principal es económico: se trata de uno de los recursos más valiosos de la región, lo que convierte a la milla 201 en un punto estratégico para la pesca internacional.
En este contexto, el caso del Bao Feng puso el foco en la diferencia entre operar en alta mar y cruzar el límite hacia aguas argentinas. El buque fue detectado dentro de la ZEE realizando maniobras compatibles con pesca, por lo que se le aplicó una multa millonaria.
No obstante, desde los organismos oficiales advierten que el problema excede casos puntuales. El control de esta frontera marítima representa un desafío, ya que se trata de una extensión cercana a los 700 kilómetros, donde la vigilancia permanente resulta compleja incluso con tecnología y presencia estatal.
Además, las flotas extranjeras suelen operar con buques de apoyo que les permiten permanecer largos períodos en la zona, lo que refuerza la presión sobre los recursos pesqueros.
