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De Ushuaia a Alaska: el viaje sin fecha que desafía la edad, el clima y los límites

Dos motoviajeros partieron desde el fin del mundo con un objetivo tan ambicioso como simbólico: unir extremos del continente sin apuro, “tramo a tramo” y con una filosofía que interpela a todos.

RÍO GRANDE, 3 de abril de 2026.— No hay fecha de llegada. Tampoco de regreso. Solo una certeza: avanzar. Así comenzó el viaje de Alfred, de 73 años, y Fernando, de 58, quienes dejaron atrás Ushuaia para emprender una travesía que busca unir el extremo sur del continente con Alaska, en un proyecto que ya empieza a inspirar a toda una comunidad de viajeros.

La historia no nació de un impulso. Fue madurada durante más de dos años, alimentada por cientos de relatos escuchados en el Museo de Motos del fin del mundo, donde ambos trabajaban y recibían a viajeros de todo el planeta. Allí, entre historias ajenas, empezó a gestarse la propia.

“En un momento decís: ahora me toca a mí”, resumió Alfred, quien durante años fue anfitrión de quienes soñaban con el mismo recorrido que hoy él comenzó a transitar .

Un viaje sin reloj

Lejos de los récords o los tiempos impuestos, el proyecto —denominado “América Ushuaia-Alaska”— se sostiene en una idea simple pero poderosa: vivir el camino.

“No tenemos fecha de llegada ni de regreso. Es hacerlo tramo a tramo, día a día”, explicó Alfred, quien reconoce que aún no dimensiona completamente la magnitud de lo que emprendió .

Fernando comparte esa mirada. Para él, el viaje no es una meta, sino una experiencia en construcción permanente. “No queremos batir ningún récord. Queremos disfrutar, conocer culturas, personas y sus historias”, señaló .

El primer desafío: salir

El inicio no fue sencillo. Apenas dejaron Ushuaia, el clima patagónico se hizo sentir con crudeza: viento, nieve, lluvia. Como si la ruta pusiera a prueba desde el primer kilómetro la decisión de avanzar.

Incluso, en los primeros tramos, vivieron una situación inesperada cuando una ráfaga desestabilizó una de las motos, provocando una caída sin consecuencias graves. Lejos de desanimarlos, lo tomaron como parte del aprendizaje.

“Fue más anecdótico que otra cosa, terminó en risa”, contó Fernando sobre el episodio .

Un sueño que no entiende de edades

La imagen es potente: un hombre de 73 años iniciando uno de los viajes más exigentes del motociclismo mundial. Pero lejos de centrarse en la edad, Alfred pone el foco en la decisión.

“El día que quieras hacer un viaje, hacelo. No tengas miedo. Viajá con lo que tengas”, aconsejó, recordando que ha visto viajeros recorrer el continente en motos pequeñas, sin grandes recursos, pero con una enorme determinación .

Fernando, por su parte, apunta a otro obstáculo: el mental. “Los límites los tenemos en la cabeza. Hay que animarse a vivir la vida que uno quiere”, reflexionó .

La ruta como destino

El recorrido incluye desafíos logísticos importantes, como el cruce de países, la obtención de visas y tramos complejos como el Tapón del Darién. Sin embargo, la estrategia es clara: resolver cada obstáculo cuando llegue.

“Vamos y cuando llegamos, solucionamos. Pensarlo demasiado te frena”, resumió Alfred, con la experiencia de décadas viajando por el mundo.

Mientras tanto, el viaje ya tiene algo asegurado: una red de motoviajeros que los espera a lo largo del continente, dispuestos a devolver la hospitalidad que ellos brindaron durante años en Ushuaia.

Más que un viaje, una filosofía

Detrás de la travesía hay algo más profundo que kilómetros y destinos. Hay una forma de entender la vida.

“Soñá siempre, que un día se va a dar”, dijo Alfred. Y agregó una frase que resume todo el espíritu del proyecto: “El sueño también se vive” .

Hoy, mientras avanzan hacia el norte, todavía sin haber dimensionado del todo lo que emprendieron, Alfred y Fernando ya lograron algo que no figura en ningún mapa: convertir un sueño en movimiento.

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