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La discusión sobre los controles en el Servicio Penitenciario de Tierra del Fuego volvió a encenderse tras nuevas publicaciones realizadas desde el interior del anexo en Ushuaia. En redes sociales, el interno Thiago Rolando —alojado en el pabellón N.º 2— difundió fotos y comentarios que exhiben la vida cotidiana dentro del establecimiento.
Las capturas, que se replicaron con rapidez en distintos grupos, incluyen mensajes en tono burlón hacia el personal penitenciario y, otra vez, ponen sobre la mesa la presunta tenencia y uso de teléfonos celulares dentro de la cárcel, una práctica prohibida por reglamento.
No se trata de un episodio aislado. Según recuerdan fuentes consultadas, Rolando ya había protagonizado situaciones similares con historias y fotografías que trascendieron públicamente, lo que en su momento motivó críticas hacia la efectividad de los controles y la capacidad del sistema para impedir el ingreso de dispositivos móviles.
La reacción social no tardó en aparecer. Vecinos y familiares de víctimas expresaron su malestar en redes, interpretando las publicaciones como una señal de desorden puertas adentro y un gesto de provocación hacia la comunidad.
El caso reaviva una pregunta recurrente: ¿qué medidas se aplican para evitar la circulación de celulares y cómo se supervisa su cumplimiento? La discusión alcanza tanto a los procedimientos de requisa como a los protocolos internos y eventuales responsabilidades administrativas.
Hasta el cierre de esta edición, el Servicio Penitenciario no emitió un comunicado oficial ni informó si se iniciará una investigación interna para determinar eventuales incumplimientos y aplicar sanciones. La expectativa está puesta en una respuesta que clarifique lo ocurrido y establezca acciones concretas para prevenir nuevos episodios.
