Río Grande: Tras una tragedia vial, una familia reclama justicia y respuestas oficiales
El impacto de un trágico accidente vial sobre la Ruta Nacional N° 3 sigue dejando secuelas profundas en Río Grande. El domingo pasado, un choque frontal entre dos autos a la altura de las calles Perú y Venezuela terminó con la vida de Jonathan Araujo (33), Carina Cabrera (30) y Damián Ferreyra (31), sumiendo en el dolor a dos familias y a toda una comunidad. Los dos hijos pequeños del matrimonio Araujo-Cabrera permanecen internados en terapia intensiva, en estado crítico.
La violencia del siniestro dejó una escena estremecedora: dos Volkswagen Gol quedaron destruidos tras el choque, mientras testigos intentaban brindar auxilio en medio de la conmoción. Carina y Ferreyra fallecieron pocas horas después del incidente, mientras que Jonathan luchó varios días por su vida antes de morir. Ahora, la angustia se multiplica para los familiares, que solo encuentran silencio por parte de la Justicia.
Carmen Ovejero, madre de Carina y abuela de los niños, expresó su indignación ante la falta de información y contención. «Hasta hoy nadie del juzgado se comunicó con nosotros. No sabemos cómo avanzan las investigaciones ni quién era realmente el otro conductor», manifestó en diálogo con INFO 3 Noticias, haciendo pública una sensación de abandono institucional.
El reclamo también apunta a la falta de respeto hacia la familia en un momento de vulnerabilidad: aún no han recibido las pertenencias personales de las víctimas, ni siquiera los teléfonos celulares o documentación, y apenas les fue entregada el acta de defunción. «Necesitamos saber la verdad y que alguien nos explique qué ocurrió. Solo queremos justicia, no venganza», insistió Ovejero, en medio de la confusión y el dolor.
La tragedia dejó a la vista la falta de acompañamiento institucional y generó una ola de solidaridad y pedidos de respuestas en la comunidad. La familia insiste en que no busca culpables al azar, sino que se esclarezcan los hechos y que se establezcan responsabilidades, para evitar que otra familia pase por una situación similar.
Mientras los niños siguen peleando por su vida, el silencio judicial profundiza la herida de una familia que hoy solo pide justicia, verdad y el acompañamiento que aún no llega.
