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Raúl González se jubiló tras 37 años al volante: “Amo este trabajo, fue mi vocación”

Después de casi cuatro décadas recorriendo las calles de Río Grande, Raúl González realizó su último viaje como chofer de colectivo y cerró una etapa marcada por la constancia, el compromiso y el vínculo cotidiano con miles de vecinos.

Fueron 37 años arriba de las unidades, viendo crecer la ciudad desde sus primeros barrios de calles de ripio hasta la expansión actual, con nuevos asfaltos, recorridos más extensos y generaciones enteras que pasaron por su colectivo.

“Prácticamente crecí con la ciudad”, resume con emoción.

Su despedida no fue en soledad. Acompañado por su familia, realizó el último recorrido, en una jornada cargada de recuerdos y agradecimientos.


Testigo del crecimiento de la ciudad

Raúl comenzó a trabajar cuando muchas calles todavía eran de tierra. Recuerda los trayectos entre polvo y barro, cuando los barrios recién se formaban y el transporte urbano conectaba zonas donde todavía había descampados.

Con el paso de los años vio transformarse el paisaje urbano y también a sus pasajeros.

“He llevado a los chicos a la escuela, después a sus padres y más tarde a sus hijos. Uno termina conociendo a toda la gente”, cuenta.

Ese contacto diario convirtió al trabajo en algo más que una obligación.

“Para mí fue una vocación. Amo este trabajo. Gracias a esto mantuve a mi familia y pude cumplir proyectos”, afirma.


El momento de bajar del volante

Aunque la familia hacía tiempo le sugería que pensara en la jubilación, tomar la decisión no fue sencillo. La rutina, el trato con los vecinos y la responsabilidad diaria formaron parte de su vida durante casi cuatro décadas.

Ahora, la prioridad será descansar y disfrutar del tiempo con los suyos.

“Por ahora quiero estar con la familia. Después vendrán nuevos proyectos. Nunca dejé de tener sueños”, señala.


Un mensaje para las nuevas generaciones

Antes de despedirse, Raúl dejó un consejo para quienes hoy comienzan en el oficio del transporte.

“Que amen este trabajo y lo cuiden. Es un trabajo muy lindo. Si uno lo hace con ganas, vale la pena”.

Con su jubilación se cierra una historia personal, pero también una parte de la memoria cotidiana del transporte público riograndense. Porque durante 37 años, más que manejar un colectivo, Raúl fue parte del día a día de toda una ciudad.

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