¿Quién fue Popeye, el fisicoculturista brasileño con los bíceps más grandes del mundo que murió a los 55 años?
El fisicoculturista brasileño Arlindo de Souza, conocido mundialmente como Popeye, falleció a los 55 años luego de permanecer internado desde Navidad por graves complicaciones de salud. La noticia fue confirmada por su familia, que indicó que el deceso se produjo tras un deterioro generalizado de su estado físico.

De Souza, oriundo de Olinda, en el estado de Pernambuco, había sido hospitalizado en la ciudad de Recife por una insuficiencia renal severa. Según relató su sobrino, uno de sus riñones dejó de funcionar y el otro colapsó durante la semana de Navidad. A ese cuadro se sumó la acumulación de líquido en los pulmones, lo que impidió la realización de una hemodiálisis. Finalmente, sufrió un paro cardíaco. Aunque el certificado de defunción aún no fue emitido, la familia indicó que la causa probable fue una insuficiencia multiorgánica.
El fisicoculturista alcanzó notoriedad internacional por el tamaño extremo de sus brazos, con bíceps que llegaron a medir alrededor de 73 centímetros. Esa apariencia fue producto de la inyección de aceite mineral, alcohol y synthol, además del consumo de esteroides anabólicos, prácticas que él mismo reconoció públicamente en numerosas entrevistas y apariciones televisivas.
Más allá de la fama mediática, De Souza llevaba una vida alejada del alto rendimiento profesional. Trabajaba en la venta de agua mineral y realizaba tareas ocasionales de albañilería, según consignaron medios brasileños. Su historia personal estuvo marcada por la muerte de un hermano, hecho que, según relató, lo llevó a intensificar el entrenamiento y la búsqueda de volumen muscular mediante métodos que con el tiempo se revelarían riesgosos.
En sus últimos años, el propio Popeye brasileño advirtió a jóvenes atletas sobre los peligros del uso de inyecciones y sustancias para modificar el cuerpo. “Te inyectas y se hincha sin tener que trabajar”, había dicho en el pasado, aunque luego reconoció las consecuencias de esas decisiones.
Su muerte vuelve a poner en debate los límites del fisicoculturismo extremo y los riesgos asociados al uso de sustancias para la modificación corporal, en un contexto donde la imagen física continúa siendo un factor de fuerte presión, especialmente entre los más jóvenes.
