No es solo la sal: el azúcar añadido también es un enemigo silencioso para la presión arterial
Más allá del sodio, expertos señalan que el consumo excesivo de azúcares procesados puede elevar la presión arterial y multiplicar el riesgo de enfermedades cardiovasculares si no se controla su ingesta.

Durante años se creyó que la sal era la principal culpable de la hipertensión. Ese enfoque tenía sentido porque el sodio puede retener líquidos y aumentar la presión en las arterias. Aun así, investigaciones recientes muestran que otro componente presente en muchos alimentos cotidianos podría ser igual de dañino para la salud cardiovascular: el azúcar añadido.
La hipertensión arterial afecta a más de mil millones de adultos en todo el mundo y es una de las causas principales de ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y daño renal. Su carácter silencioso hace que muchas personas no la detecten a tiempo.
Según especialistas de la Escuela de Medicina de Harvard, la diferencia entre los azúcares naturales y los añadidos es clave. Los que se encuentran de forma natural en frutas, verduras y lácteos vienen acompañados de fibra y micronutrientes útiles. En cambio, los azúcares añadidos en refrescos, jugos endulzados, dulces y productos ultraprocesados no aportan beneficios nutricionales y sí un impacto negativo en el organismo.
Estudios publicados en revistas médicas han asociado dietas con un alto porcentaje de calorías provenientes de azúcares añadidos con mayores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares. Además, este exceso puede sobrecargar el hígado, alterar el metabolismo de la insulina y favorecer la obesidad, la diabetes tipo 2 y los trastornos del colesterol, todos factores que tienden a elevar la presión arterial.
El azúcar también puede amplificar los efectos negativos de la sal. Cuando se eleva la producción de insulina, los riñones retienen más sodio y agua, lo que también contribuye a desarrollar hipertensión.
Para reducir estos riesgos, los expertos sugieren prestar atención a las etiquetas de los alimentos, limitar bebidas azucaradas y productos ultraprocesados y priorizar una dieta basada en carbohidratos complejos como cereales integrales, frutas y verduras. Mantener actividad física regular, un peso saludable y evitar otros factores de riesgo como el tabaco y el exceso de alcohol también ayuda a mantener la presión arterial dentro de valores saludables.
