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La impresionante galaxia captada por dos de los telescopios más poderosos de la NASA

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La NASA difundió una nueva y espectacular imagen de Messier 64, una galaxia situada a unos 17 millones de años luz de la Tierra. La composición fue realizada a partir de observaciones obtenidas por los telescopios espaciales Hubble y James Webb, cuyos instrumentos permitieron reunir información en diferentes longitudes de onda.

Conocida popularmente como la galaxia del Ojo Negro, Messier 64 presenta una extensa franja de polvo oscuro que cruza su brillante región central. Ese contraste le otorga una apariencia particular y explica por qué también recibió denominaciones como Black Eye Galaxy o Evil Eye Galaxy.

La nueva representación combina registros del infrarrojo cercano captados por el James Webb con observaciones ultravioletas, visibles e infrarrojas realizadas por el Hubble. El resultado permite apreciar con mayor precisión zonas que, analizadas mediante un único rango del espectro electromagnético, podrían permanecer parcialmente ocultas.

Uno de los aspectos que más interés despierta entre los científicos es el comportamiento del gas dentro de esta galaxia. Mientras el material cercano al centro se desplaza en una dirección, parte del gas ubicado en las regiones exteriores gira en sentido contrario.

Los especialistas consideran que esta particular dinámica podría estar relacionada con la incorporación de una galaxia satélite ocurrida hace más de 1.000 millones de años. El choque entre grandes concentraciones de gas que avanzan en direcciones opuestas genera zonas de compresión donde pueden desarrollarse nuevos procesos de formación estelar.

Las observaciones del Hubble permiten reconocer estrellas jóvenes, calientes y de tonalidades azuladas, además de nubes de hidrógeno iluminadas por la intensa radiación ultravioleta. El Webb, en tanto, aporta una mirada especialmente valiosa sobre estructuras atravesadas por polvo gracias a su capacidad para trabajar principalmente en el infrarrojo.

La imagen de Messier 64 vuelve a demostrar que ambos observatorios cumplen funciones complementarias. El James Webb no sustituyó al Hubble, sino que amplió las posibilidades de estudio del universo. Al combinar sus datos, los astrónomos pueden reconstruir una visión mucho más completa de galaxias, estrellas y regiones cósmicas ubicadas a enormes distancias.

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