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Ángela Loij: a 52 años de la muerte de la última mujer selk’nam de sangre pura

Este 28 de mayo se cumplen 52 años del fallecimiento de Ángela Loij, una de las figuras más emblemáticas de la historia de los pueblos originarios en Tierra del Fuego. Considerada la última mujer de sangre pura del pueblo selk’nam, su vida quedó marcada por la preservación cultural y el testimonio de una comunidad atravesada por el exterminio y el avance colonizador en la isla.

Ángela Loij nació en 1903 en la estancia Sara, al norte de Río Grande. Era hija de Loij y Antonia y fue bautizada en 1907 en la Misión Salesiana Nuestra Señora de la Candelaria, donde pasó buena parte de su vida colaborando junto a las hermanas salesianas.

Con el paso de los años se transformó en una de las principales transmisoras de la cultura selk’nam. Aunque no sabía leer ni escribir en español, conservó su lengua materna y compartió relatos, costumbres y conocimientos ancestrales con investigadores y antropólogos, entre ellos la reconocida antropóloga Anne Chapman, quien documentó gran parte de la memoria oral del pueblo originario.

Durante su juventud se casó con un hombre conocido como Nelson y tuvo tres hijos, aunque todos fallecieron producto de la tuberculosis, enfermedad que afectó gravemente a las comunidades indígenas fueguinas durante el siglo XX.

La vida de Ángela Loij estuvo atravesada por la resistencia cultural y la defensa de la identidad selk’nam. Falleció el 28 de mayo de 1974 en su vivienda ubicada sobre calle Forgacs, en Río Grande, y sus restos descansan en el cementerio local.

Con el correr de los años, distintas instituciones de Tierra del Fuego mantuvieron viva su memoria. La Escuela Provincial N°20 Ángela Loij lleva su nombre desde 1987 y también una calle de la ciudad fue nombrada en su homenaje.

Además, la sala principal de la Casa de la Cultura fue bautizada en su honor como reconocimiento a su aporte en la preservación de la cultura fueguina y de los pueblos originarios.

A más de medio siglo de su fallecimiento, Ángela Loij continúa siendo una figura central en la memoria colectiva fueguina y un símbolo de la resistencia cultural del pueblo selk’nam. Su legado sigue presente en la historia, en las instituciones que llevan su nombre y en la necesidad de mantener viva la memoria de los pueblos originarios.

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