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Industria textil fueguina bajo presión: incertidumbre, ajustes y riesgo de cierre

Las empresas textiles que aún operan en Tierra del Fuego atraviesan una coyuntura delicada, marcada por la apertura de importaciones en el sector, la interpretación oficial respecto a la reducción progresiva de beneficios y la obligación de aportar retroactivamente la totalidad de sus contribuciones al FAMPF (Fondo Anticipado de Materia Prima Fueguina) desde el 1° de enero de 2022. Esta combinación de factores pone en jaque a un rubro que ya se encuentra debilitado: de las once compañías que había en la provincia, solo cinco continúan en actividad y ninguna tiene garantizada su permanencia más allá de 2025.

El presidente de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), el licenciado Alberto Garófalo, explicó que la situación se complica no solo por la competencia del exterior, sino también por la incertidumbre en torno a cómo se aplicará la disminución escalonada de los beneficios del subrégimen industrial, prevista para arrancar el 1° de enero del año próximo. Si el criterio adoptado por el gobierno nacional es el menos favorable, muchas firmas podrían verse obligadas a cerrar sus puertas.

En paralelo, algunas compañías que no fueron incluidas en la prórroga de los incentivos ya tomaron la vía judicial para intentar revertir su situación. Incluso aquellas que obtuvieron la extensión enfrentan la falta de definiciones claras sobre la metodología de cálculo para la reducción de beneficios, generando tensiones con las autoridades nacionales.

Garófalo también puso el foco en la actitud de ciertos actores industriales del continente, que habrían intensificado su presión contra las compañías fueguinas, mostrándose más confrontativos con la producción local que con las mercaderías que ingresan desde el extranjero. Esta postura, sumada a la reciente flexibilización para importar a través de envíos courier prácticamente libres de impuestos —excepto el IVA—, dificulta aún más la competencia en condiciones equitativas.

Por otro lado, se destaca el escenario financiero generado por las exigencias retroactivas del FAMPF. Las textiles deben abonar la totalidad de los montos adeudados desde el inicio del 2022, a diferencia de otras actividades que pudieron retener un 40%. Además, en caso de que las firmas que gozaron de medidas cautelares para evitar ciertos pagos pierdan en la instancia judicial, quedarán expuestas a importantes desembolsos por impuestos y derechos aduaneros que habían esquivado de forma temporal.

En este panorama, la industria textil fueguina se ve asediada por la incertidumbre normativa, el impacto de las importaciones y las exigencias fiscales. El futuro del sector depende en gran medida de cómo se definan las reglas del juego en los próximos meses, un factor clave para determinar cuántas de estas empresas podrán sobrevivir.

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