El Gobierno admite el malestar social y ajusta su discurso ante un escenario económico que preocupa a Milei
El clima social comenzó a ocupar un lugar central dentro de las preocupaciones de la Casa Rosada. Aunque Javier Milei mantiene sin modificaciones el rumbo económico, distintos dirigentes y funcionarios del oficialismo reconocen que existe una creciente distancia entre los indicadores que destaca el Gobierno y la realidad cotidiana que perciben amplios sectores de la población.
La señal más clara llegó del propio Presidente durante el acto por el aniversario del fallecimiento de José de San Martín. Después de permanecer nueve días prácticamente apartado de la actividad pública, Milei reapareció con una definición que reflejó el diagnóstico que circula dentro del Ejecutivo: “Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor”. La frase fue interpretada como un reconocimiento de que la paciencia social tiene límites.
En el oficialismo ya evitan transmitir una imagen excesivamente optimista sobre la situación económica. Meses atrás, el ministro Luis Caputo había proyectado un escenario muy favorable para 2027 e incluso Milei aseguró que Argentina avanzaba hacia niveles de desarrollo comparables con Alemania. Ahora el lenguaje comenzó a moderarse. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, admitió que la actividad está creciendo por debajo de lo esperado, mientras Caputo sintetizó la situación con otra expresión: “No estamos bien pero vamos bien”.
La modificación discursiva también responde a lo que muestran las encuestas y a las señales que reciben los dirigentes cuando recorren lugares públicos. Dentro del equipo de comunicación gubernamental reconocen que resulta cada vez más difícil construir un mensaje únicamente basado en expectativas futuras. “Podemos contar el riesgo de que vuelva el pasado. Podemos prometer un futuro mejor. Pero no podemos relatar un presente que la gente no palpa”, resumió uno de los colaboradores encargados de analizar la estrategia digital.
Patricia Bullrich fue incluso más explícita al describir el momento político. La senadora habló de una etapa “áspera” y reclamó que los resultados económicos puedan trasladarse rápidamente a los hogares. “El rumbo es el correcto. Lo que necesitamos ahora es más velocidad en los resultados para lograr que el cambio se sienta en la vida cotidiana. Que llegue a las familias. Que llegue a las empresas. Que llegue a cada argentino”, expresó inicialmente en sus redes sociales, antes de modificar el mensaje por una versión más moderada.
Dentro de La Libertad Avanza existe preocupación porque el deterioro del humor social pueda comenzar a impactar directamente sobre las posibilidades electorales de Milei en 2027. La estrategia oficial continúa basada en una fuerte polarización y en la expectativa de que el Presidente mantenga un piso cercano al 30% de intención de voto. Una caída por debajo de ese nivel podría favorecer la aparición de otras opciones dentro de la centroderecha y complicar el armado electoral libertario.
En paralelo, el Gobierno busca ampliar acuerdos con sectores del PRO, la UCR y gobernadores provinciales para garantizar respaldo legislativo y construir una coalición competitiva de cara a las próximas elecciones. Sin embargo, existen diferencias internas sobre cuándo cerrar esas alianzas: algunos dirigentes consideran necesario avanzar rápidamente, mientras otros prefieren mantener abiertas las negociaciones y fortalecer primero la estructura territorial de La Libertad Avanza.
Pese al cambio de tono y al reconocimiento de las dificultades, en la Casa Rosada aseguran que no habrá modificaciones sustanciales en el programa económico. Milei mantiene como prioridades la apertura de mercados, la reducción de impuestos, las desregulaciones y el equilibrio fiscal. La apuesta oficial pasa por lograr que la recuperación del poder adquisitivo sea visible antes del inicio de la campaña electoral.
El desafío para el Gobierno será, entonces, transformar sus expectativas económicas en mejoras concretas antes de volver a enfrentarse a las urnas. La preocupación ya no parece estar únicamente en los números macroeconómicos, sino en cuánto tiempo estará dispuesta la sociedad a esperar para sentir una recuperación efectiva en sus ingresos y condiciones de vida.

