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Desesperación en Ushuaia: un joven fueguino atrapado en el frente de batalla ruso

La historia de Gianni Dante Bettiga, un joven de 23 años nacido en Ushuaia, conmueve a Tierra del Fuego y al país. Lo que comenzó como un viaje de estudios se transformó en una pesadilla: actualmente se encuentra en el frente de combate en Donetsk, enrolado en el Ejército ruso, desde donde envió un mensaje desesperado a su familia pidiendo ayuda para regresar a la Argentina.

“Estoy en el frente. Quiero volver pase lo que pase. Ya no me interesa este país. Por favor, hagan algo para sacarme de acá. Te amo, pa”, escribió a su padre en la madrugada de este lunes.

Del sueño universitario al frente de guerra

Gianni había viajado en febrero a Ekaterimburgo, con una visa de estudiante, para aprender ruso y conocer la cultura del país. Durante meses cursó en la universidad local y vivió en el campus hasta agosto, cuando tomó una decisión que cambiaría por completo su destino.
Por recomendación de dos compañeros brasileños, se inscribió en una empresa privada que ofrecía trabajo y residencia a cambio de enrolarse en tareas militares. Según relató su padre, el contrato estaba en ruso y lo que debía ser un año terminó siendo tres.

Tras un breve entrenamiento cerca de Moscú, fue destinado a la región de Donetsk, uno de los territorios ucranianos bajo control de Rusia. Allí permanece desde fines de agosto, en condiciones precarias y bajo el ruido constante de los bombardeos.

El mensaje que paralizó a su familia

El primer mensaje de alerta llegó a través de WhatsApp a su padre, Juan Bettiga, quien vive hace más de tres décadas en Ushuaia. “Leerlo me quebró. Fue como una bomba, pero tengo que mostrarme fuerte para que él también lo esté”, relató el hombre, que ahora atraviesa una lucha paralela contra un cáncer de hígado.

Desde su trinchera, Gianni logra comunicarse esporádicamente cuando tiene acceso a wifi. En esas breves conversaciones, intenta transmitir calma, aunque admite que tiene miedo. “No le tengo miedo a morir, pero sí a perder un brazo o una pierna”, le confesó a su padre.

Una decisión sin retorno

La madre del joven, Carla Zucchi, contó que recién a fines de septiembre su hijo le reveló la verdad. “Me dijo: ‘Mamá, te tengo que contar algo’. Pensé que era una broma, nunca imaginé que estaba en el Ejército ruso”, relató.
Según explicó, Gianni creyó que realizaría tareas administrativas, pero pronto se vio obligado a entrenar y participar de maniobras de combate. “Mi hijo nunca tuvo una vida militar, jamás empuñó un arma. Es un chico tranquilo, sensible, de otro mundo”, agregó.

El joven duerme en un galpón, dentro de una bolsa de dormir “invadida por ratas”, y relató haber pasado noches enteras en el bosque tras un bombardeo. En sus pocos momentos libres, intenta ver películas que su padre le envía descargadas: títulos bélicos y series que lo ayudan a sobrellevar la espera.

Gestiones desesperadas desde Ushuaia

Sus padres comenzaron una cruzada diplomática para lograr su liberación. Contactaron a la Embajada argentina en Moscú, a la Embajada rusa en Buenos Aires y enviaron una carta al ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, solicitando la dispensa de su hijo por razones humanitarias.

En el documento, Juan Bettiga explicó su delicado estado de salud y adjuntó estudios médicos. “Mi tratamiento es urgente y necesito a mi hijo a mi lado. Vivo solo, y su ayuda es esencial para continuar”, escribió.

A pesar de las gestiones, la familia sabe que el contexto geopolítico no ayuda. “Argentina no mantiene un vínculo cercano con Rusia desde el apoyo del presidente Milei a Ucrania. Pero no vamos a bajar los brazos”, aseguró Juan, decidido a seguir buscando una salida.

Entre la guerra y la esperanzaGianni intenta pedir la baja del Ejército, pero hasta ahora no ha obtenido respuesta. “A los que quieren irse los castigan. Tengo que mantenerme fuerte”, le dijo a su padre en su último mensaje.
Mientras tanto, Juan continúa postergando su tratamiento oncológico hasta saber que su hijo está a salvo. “Mi médico me dice que la enfermedad no espera, pero yo sí. No voy a empezar hasta tenerlo de nuevo conmigo”, afirma.

En Ushuaia, familia y amigos acompañan a los Bettiga en la espera más angustiante de sus vidas, mientras Gianni sigue en un frente que nunca eligió, aferrado a la esperanza de volver a casa.

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