Vuelven a crecer los plazos fijos UVA: el instrumento en pesos que busca ganarle a la inflación
En un contexto de inflación todavía elevada, los plazos fijos ajustados por UVA volvieron a posicionarse como una de las herramientas más eficaces para preservar el poder adquisitivo del ahorro en pesos, tras un período de fuerte caída durante 2025.

Según datos recientes del sistema financiero, este tipo de depósitos registró una recuperación en 2026, impulsada principalmente por la banca pública y por cambios en las condiciones ofrecidas a los ahorristas. Entre ellos, se destaca la posibilidad de cobrar intereses de manera mensual, lo que mejoró su atractivo frente a otras alternativas.
El principal diferencial del plazo fijo UVA es que el capital se ajusta por inflación, ya que está atado al Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que sigue la evolución del Índice de Precios al Consumidor. Esto permite que el dinero invertido mantenga su valor real, incluso en contextos de suba de precios sostenida.
Durante el primer tramo del año, este instrumento mostró señales claras de recuperación. En febrero de 2026, el stock de depósitos UVA alcanzó los $375 mil millones, con una suba real mensual del 18,7%, lo que marcó un cambio de tendencia tras las caídas registradas el año anterior.
Sin embargo, el repunte no implica un regreso pleno a su protagonismo histórico. Durante 2025, los plazos fijos UVA habían perdido terreno frente a opciones más líquidas, ya que muchos ahorristas priorizaron la disponibilidad inmediata de su dinero por sobre instrumentos con plazos más largos.
En este escenario, la versión precancelable del plazo fijo UVA ganó protagonismo. Aunque ofrece una tasa menor, permite retirar el dinero antes del vencimiento, combinando cierta protección contra la inflación con mayor flexibilidad.
A pesar de la mejora, los depósitos tradicionales a tasa fija continúan siendo los más utilizados en el sistema financiero, principalmente por su simplicidad y liquidez. No obstante, el resurgimiento de los UVA refleja un cambio en el comportamiento de los ahorristas, que vuelven a priorizar la cobertura frente a la inflación.
