Violencia silenciosa en las escuelas: el nuevo desafío entre adolescentes fueguinos
Los conflictos entre adolescentes en el ámbito escolar han comenzado a manifestarse de formas más complejas y, muchas veces, invisibles. En Tierra del Fuego, la directora de la Escuela Secundaria Julio Verne, Verónica Barón, advierte sobre un fenómeno creciente: el aumento de formas de violencia sutil que afectan profundamente la convivencia en las aulas.
Uno de los cambios más significativos, según Barón, es que los enfrentamientos entre estudiantes ya no se limitan a discusiones tradicionales. “Lo preocupante es que muchas veces los conflictos escalan sin control, con discursos cada vez más cargados de agresividad”, expresó. Pero, más allá de los choques visibles, la preocupación principal recae en aquellas conductas menos evidentes, como la llamada “ley de hielo”: ignorar deliberadamente a un compañero, negar su existencia y ejercer así una exclusión que duele en silencio.
Este tipo de violencia emocional, difícil de detectar, exige la participación activa de toda la comunidad educativa. “Es fundamental trabajar codo a codo con las familias. Hay situaciones que no se ven, que no se gritan, pero que dejan huella”, señaló la directora. Y agregó: “La falta de diálogo entre los jóvenes es preocupante. Hoy en día, simplemente se dejan de hablar, sin siquiera poder poner en palabras lo que pasa”.
La institución viene aplicando desde hace años una política clara: limitar el uso de teléfonos celulares durante clases y recreos. “La presencia del celular es un obstáculo para el proceso de aprendizaje y para generar vínculos reales entre los estudiantes”, sostuvo Barón. Esta decisión, si bien puede resultar polémica en un contexto social hiperconectado, apunta a fortalecer un clima de mayor concentración y respeto en el aula.
Otro punto clave que destaca la directora es la pérdida de referentes adultos. En su análisis, la falta de autoridad y límites claros por parte de padres y docentes contribuye al desborde emocional entre los adolescentes. “Hemos caído en una confusión entre respetar la voluntad de los chicos y renunciar a nuestro rol como adultos. Ellos necesitan límites, necesitan saber que hay un marco”, reflexionó.
A modo de conclusión, Barón insistió en que el verdadero cambio comienza cuando las escuelas se transforman en espacios contenedores, donde el respeto mutuo y la comunicación son pilares. “Hacer de la escuela un lugar amable no es solo un eslogan, es un compromiso cotidiano con el bienestar de los chicos”, aseguró. Y lanzó una advertencia final: “Lo que hoy vemos en series, muchas veces se convierte en realidad. Si no intervenimos a tiempo, esas ficciones se instalan entre nosotros”.
