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Vaca Muerta cerró un año récord, pero ¿la caída del precio del petróleo pone en riesgo el crecimiento hacia 2026?

El sector hidrocarburífero argentino finaliza 2025 con números históricos impulsados por Vaca Muerta, que se consolidó como el principal motor de la producción de petróleo y gas del país. Sin embargo, el escenario hacia los próximos años presenta nuevos desafíos: la caída de los precios internacionales y los altos costos internos obligan a la industria a redoblar esfuerzos en productividad y eficiencia.

Durante este año, la Argentina alcanzó su mayor nivel de producción petrolera desde 1998. En octubre se superó el récord de 865.000 barriles diarios, con Vaca Muerta explicando el 65% del total nacional, unos 568.000 barriles por día. En el segmento gasífero, el hito llegó en julio, cuando la producción alcanzó los 161 millones de metros cúbicos diarios, el nivel más alto desde 2003.

Este crecimiento estuvo sostenido por el fuerte desarrollo de la producción no convencional, basada en perforación horizontal y fractura hidráulica. Una tecnología que comenzó a utilizarse en el país recién en 2012 y que permitió incrementar la producción petrolera en más de 311.000 barriles diarios en poco más de una década, con destino mayoritario al mercado externo.

El impacto también se reflejó en el frente externo: las importaciones de gas cayeron de 34 millones de metros cúbicos diarios en 2013 a apenas 3,7 millones en 2025. Según datos del sector, el Plan Gas y la ampliación de la capacidad de transporte desde la cuenca Neuquina fueron claves para reducir la dependencia energética.

No obstante, el panorama comienza a tensionarse. El precio del Brent, referencia para la Argentina, cayó por debajo de los US$60 el barril y las proyecciones para 2026 lo ubican en torno a los US$55, en un contexto de mayor oferta global impulsada por la OPEP+ y la aparición de nuevos jugadores como Brasil y Guyana.

A este escenario externo se suman los desafíos estructurales locales. Perforar un pozo en la Argentina cuesta cerca de un 40% más que en Estados Unidos, a lo que se agregan elevados costos logísticos y limitaciones de infraestructura. El transporte de arena para el fracking, por ejemplo, demanda miles de viajes en camión por rutas que no siempre están preparadas para semejante flujo.

Pese a estas dificultades, el sector proyecta un crecimiento ambicioso: hacia 2030 se apunta a alcanzar una producción de 1,5 millones de barriles diarios, con exportaciones cercanas al millón. Para lograrlo, las empresas advierten que será necesario resolver cuellos de botella, mejorar la competitividad y reducir costos, en un mercado internacional cada vez más exigente.

Así, Vaca Muerta cierra un año histórico y se consolida como pilar energético y generador de divisas, pero el verdadero desafío comienza ahora: sostener el crecimiento en un contexto de precios más bajos y mayor competencia global.  

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