Ushuaia ante el espejo del turismo antártico: ¿auge económico o presión insostenible?
Un reciente artículo publicado por The New York Times volvió a poner a Ushuaia en el centro del debate sobre el impacto del turismo internacional. Bajo el título “¿Cuánto durará intacto el ‘fin del mundo’?”, el prestigioso medio estadounidense reconoce que el turismo de cruceros hacia la Antártida ha traído prosperidad a la capital fueguina, pero advierte sobre las crecientes tensiones sociales y ambientales que esta actividad genera.
Según el artículo, mientras en 2013 partieron desde Ushuaia unos 35.500 pasajeros hacia la Antártida, el año pasado esa cifra trepó a 111.500, y se espera que en 2025 supere ese récord. La ciudad concentra más del 90% de los cruceros antárticos y se ha convertido en la principal puerta de entrada al continente blanco.
Los turistas —que suelen pagar entre 15.000 y 18.000 dólares por un viaje de 10 días— generan ingresos para la economía local, pero también un fuerte impacto: presión sobre los servicios, encarecimiento del costo de vida, y una creciente crisis habitacional, especialmente entre quienes sostienen las actividades turísticas.
“Vendemos un gran imaginario”, admite Julio Lovece, presidente de la Fundación Ushuaia XXI, y señala que ese crecimiento debe ser regulado antes de que se vuelva inmanejable. «Creemos que podemos recibir mucho más turismo, pero este es el momento de establecer directrices», advirtió.
El artículo también contrasta la experiencia de los cruceristas con la realidad de muchas familias fueguinas. Tal es el caso de Nolly Ramos León, madre de cuatro hijos que vive en un asentamiento sin servicios básicos, en la ladera de una montaña con vista al puerto. “Esta casita que tengo, tardamos muchos años en hacerla. A veces no teníamos ni para comer”, relata al diario.
La crisis de vivienda es uno de los puntos más sensibles. Con una población que creció un 45% desde 2010 y una oferta habitacional limitada por el entorno natural, los alquileres en Ushuaia superan a los de zonas exclusivas de Buenos Aires. Un departamento de dos ambientes puede superar los 900.000 pesos mensuales, según el colectivo Que Nos Escuchen.
En paralelo, el crecimiento del turismo también genera interrogantes ecológicos. Cada viajero a la Antártida genera en promedio cinco toneladas de dióxido de carbono por viaje, en una región donde el cambio climático ya está dejando huellas visibles, como el reciente colapso de una formación de hielo en el Parque Nacional Tierra del Fuego.
Si bien la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO) sostiene que el turismo ayuda a concientizar y tiene un compromiso con la sustentabilidad, organizaciones ecologistas y activistas locales reclaman medidas más estrictas. Entre ellas, limitar el ingreso de cruceros o incluso restringir el turismo en ciertas zonas.
«Va a llegar un momento en que todo será para turistas en Ushuaia —advierte María Elena Caire, referente del grupo Que Nos Escuchen—. ¿Y quién los va a atender si los residentes no tienen dónde vivir?»
Ushuaia sigue siendo un imán para quienes sueñan con conocer la Patagonia más extrema, pero el desafío actual parece ser otro: garantizar que ese paraíso remoto siga siendo también un lugar habitable para su propia comunidad.
