Unos 70 pacientes y cada vez más jóvenes: el panorama que describe CAPO

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En el marco del Día Nacional de la Solidaridad, el Centro de Autoayuda para Pacientes Oncológicos (CAPO) de Río Grande puso el foco en la tarea cotidiana de sostener a quienes enfrentan un diagnóstico oncológico. Hilda Linares, secretaria de la entidad, conversó con el programa Tarde a tarde de ((La 97)) Radio Fueguina y subrayó que el respaldo de los vecinos resulta indispensable cuando la economía complica aún más el tratamiento.

Linares integra CAPO desde sus inicios. Recuerda que la personería jurídica se entregó en mayo de 1993 y que ella comenzó a trabajar allí en julio de ese mismo año. Desde entonces, dice, el objetivo ha sido aliviar las múltiples cargas que recaen sobre el paciente: no solo la enfermedad en sí, sino el impacto del diagnóstico y las dificultades económicas que suelen acompañarlo.

Tras más de tres décadas, la referente considera positivo el balance y lo atribuye a lo que aprendió de los fundadores. “A veces no hace falta dinero; nuestras manos pueden ser el apoyo que más se necesita”, señaló. Un abrazo, una visita o una simple muestra de atención, agregó, recuerdan que toda persona merece solidaridad y cariño.

También describió cómo los tratamientos modifican el cuerpo. Quien mira desde afuera puede creer que el paciente está bien, pero las quimioterapias y las radiaciones provocan cambios profundos y vuelven más difíciles muchas actividades cotidianas. En ese contexto, el poder adquisitivo marca una diferencia concreta: quien cuenta con recursos suficientes accede a una alimentación y a un cuidado que favorecen la recuperación; quien vive de una jubilación o pensión mínima no siempre puede hacerlo.

El centro tiene unos 70 pacientes inscriptos y, según Linares, crece la cantidad de jóvenes. De ellos, entre 10 y 15 concurren con regularidad. Al resto, cuando las condiciones no permiten el traslado, se los contacta por teléfono o se los visita en sus casas, especialmente durante los ciclos de quimioterapia.

El propósito de CAPO, insistió, es mejorar la calidad de vida. En algunos casos se logra; en otros no tanto. Lo que no se abandona es el intento de ofrecer lo mejor de cada uno: presencia, comprensión y afecto. Linares evocó a los fundadores, Gladys —ya fallecida— y Maidana, por quien pidió una cadena de oración ante una situación de salud complicada.

A lo largo del tratamiento van apareciendo nuevas necesidades. Los pacientes requieren más ayuda y más comprensión porque ya no pueden realizar las mismas actividades de antes. En ese punto vuelve a aparecer la brecha económica: el cuerpo responde mejor cuando recibe lo que necesita, y CAPO procura aportar un poco de alivio en un momento especialmente difícil.