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Una misión secreta y fraterna: la historia del piloto peruano que trasladó los Mirage a la Argentina durante la Guerra de Malvinas

Durante la Guerra de Malvinas, el apoyo del Perú a la Argentina fue mucho más allá del respaldo diplomático. En una operación cuidadosamente planificada y mantenida en estricto secreto, el gobierno peruano envió 10 aviones Mirage a territorio argentino, que fueron entregados a la Fuerza Aérea para reforzar la defensa del archipiélago en el Atlántico Sur. Uno de los pilotos de aquella operación fue el entonces teniente Pedro Seabra Pinedo, quien 43 años después reveló los detalles de aquella misión histórica.

En diálogo con DEF, Seabra Pinedo —actual teniente general retirado y ex comandante general de la Fuerza Aérea del Perú— relató cómo se desarrolló la operación que tuvo lugar en junio de 1982, y que hasta el año 2010 permaneció bajo un estricto hermetismo.

Una misión planificada al detalle

La misión comenzó en la base aérea de La Joya, al sur del Perú, donde Seabra y otros cuatro pilotos fueron convocados sin saber con claridad qué se les iba a encomendar. Lo que siguió fue un minucioso planeamiento de vuelo, contemplando rutas alternativas, escenarios de emergencia y total compartimentación de la información.

Los 10 Mirage peruanos fueron camuflados y pintados con escarapelas argentinas antes del despegue. Se les asignaron nuevas matrículas para evitar cualquier vínculo directo con el país andino. La primera escala fue en Jujuy, donde el asombro del personal argentino evidenció que el secreto estaba bien guardado. Al día siguiente, y tras condiciones meteorológicas más favorables, los aviones continuaron rumbo a Tandil, donde se concretó la entrega formal.

“Fue una ceremonia corta, pero muy emotiva”

Al aterrizar en Tandil, los pilotos peruanos fueron recibidos por autoridades de la Fuerza Aérea Argentina, mecánicos y una banda militar. “Hubo lágrimas y abrazos. Algunos vieron llegar aviones con las matrículas de los que habían sido derribados, y fue muy fuerte emocionalmente”, recordó Seabra.

El teniente general también destacó la conexión entre las dos fuerzas aéreas: “Muchos de los pilotos argentinos habían estado antes en Perú, volando en Chiclayo. Compartíamos una historia común”.

Después de entregar los Mirage, los pilotos regresaron a Perú ese mismo día a bordo de un avión de apoyo logístico.

“No teníamos que comentarlo ni con la almohada”

Seabra enfatizó que la misión se realizó con absoluta reserva. “Nos dijeron que no podíamos decir nada, ni siquiera a nuestras familias. Yo no le conté nada a mi hermano, que también era piloto”, explicó. Fue recién décadas más tarde que se autorizó contar la historia públicamente.

Reconocimiento tardío

Años después, tanto la Embajada Argentina en Perú como la Fuerza Aérea Argentina condecoraron a los 10 pilotos, a los 18 técnicos, al personal del Hércules de apoyo logístico y a los oficiales peruanos asignados al Estado Mayor argentino durante el conflicto. “Fue muy emotivo. Pero el compromiso militar no espera recompensas. Lo hicimos por convicción”, aseguró Seabra.

Un gesto histórico

La participación del Perú en la guerra del Atlántico Sur, aunque mantenida en secreto durante mucho tiempo, marcó un gesto de solidaridad entre pueblos latinoamericanos. “El 5 de junio de 1982 se escribió otra página de gloria entre las fuerzas aéreas de dos países hermanos”, escribió Seabra en una carta que hoy se exhibe en la IVta Brigada Aérea de Mendoza, donde también cuelga un retrato que lo muestra volando su Mirage sobre la Pampa argentina.

Hoy, a más de cuatro décadas del conflicto, la historia de aquella misión silenciosa cobra nueva relevancia. En palabras del propio Seabra: “Es parte de la historia y debe ser contada. Sin raza, no hay gloria”.

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