La pérdida de poder adquisitivo está empujando a una cantidad creciente de adultos mayores a buscar ingresos después de jubilarse. Para muchos, regresar al mercado laboral dejó de ser una elección personal y pasó a convertirse en la única alternativa para afrontar los gastos cotidianos.
Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado sobre la base de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, mostró que durante el primer trimestre de 2026 más de 22.000 personas mayores de 66 años se incorporaron a trabajos sin protección o comenzaron a buscar empleo, en comparación con el mismo período de 2025.
De esta manera, el 12,6% de la población comprendida en esa franja etaria quedó alcanzada por alguna de esas dos situaciones. Se trata del registro más elevado desde 2017 y constituye una nueva señal sobre las dificultades económicas que atraviesan quienes dependen principalmente de una jubilación.
Detrás de las estadísticas aparecen personas que necesitan complementar sus haberes para comprar alimentos, acceder a medicamentos, pagar servicios, sostener un alquiler o cubrir otros gastos esenciales. La reinserción laboral, por lo tanto, no siempre está relacionada con el deseo de mantenerse activo o continuar una actividad profesional.
El crecimiento de adultos mayores dentro del mercado de trabajo expone una realidad que suele quedar relegada frente a otros indicadores económicos: para un sector cada vez más amplio, haberse jubilado ya no significa dejar de trabajar.

