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Río Grande: se duplica la cantidad de personas en situación de calle que buscan asistencia

La parroquia Sagrada Familia, ubicada en Río Grande, se enfrenta a un incremento notable de personas que llegan en busca de ayuda. En los últimos meses, la demanda por alimentos, abrigo y contención se ha duplicado, revelando una creciente crisis social que afecta principalmente a hombres adultos, pero que también alcanza a mujeres y niños.

El padre Iván Bressan, responsable de la parroquia, expresó en una entrevista radial que, si bien antes recibían alrededor de 10 personas con cierta regularidad, hoy el número ha subido a 20 o más. “Vienen personas que no conocíamos, con historias duras, muchas veces sin trabajo, con adicciones o problemas de salud mental”, relató.

En respuesta a esta emergencia, la parroquia ha organizado jornadas de asistencia en la Casa de Cáritas del barrio Intevu 8, donde, dos veces por semana, quienes lo necesitan pueden ducharse, desayunar y lavar su ropa. En algunas de estas jornadas llegaron hasta siete personas, lo que refleja un patrón constante de demanda.

Si bien no cuentan con un programa de reinserción laboral formal, desde la comunidad se intenta dar respuestas urgentes, como ofrecer changas cuando es posible. El objetivo, según Bressan, es “recibirlos tal como llegan” y más adelante construir redes que les permitan salir de esa situación.

La ayuda que brindan depende casi exclusivamente de los vecinos y feligreses. Ropa, alimentos, donaciones económicas e incluso aportes por transferencia permiten sostener la asistencia. “Solo el mes pasado entregamos 140 módulos alimentarios”, detalló el sacerdote. Parte de esos recursos se obtiene a través de la venta de ropa usada, y otra parte se completa con compras realizadas con dinero de la misma parroquia.

Uno de los problemas más difíciles de resolver es la falta de un lugar para dormir. Algunas personas han pedido quedarse por las noches, pero actualmente no existe infraestructura adecuada para ello. En ocasiones, la parroquia cubre estadías transitorias en hospedajes, especialmente para personas migrantes o en situaciones de mayor vulnerabilidad.

El sacerdote concluyó con una reflexión sobre el camino que todavía queda por recorrer: “Estamos aprendiendo, viendo cómo mejorar lo que hacemos. La necesidad crece y tenemos que crecer también en nuestra forma de ayudar”.

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