La proximidad de una nueva temporada de nacimiento de terneros vuelve a generar preocupación entre los productores rurales de Tierra del Fuego. Los perros asilvestrados continúan expandiéndose por diferentes sectores del campo y, después de años de ataques principalmente contra ovinos, comenzaron a representar también una amenaza creciente para el ganado bovino.
Lucila Apolinaire, referente de la Sociedad Rural de Tierra del Fuego, planteó la necesidad de avanzar con una estrategia permanente que involucre al Gobierno provincial y a los municipios de Río Grande, Ushuaia y Tolhuin. El sector sostiene que el problema, que lleva décadas afectando a la producción ganadera, requiere medidas coordinadas que se mantengan más allá de cada gestión.
El origen del problema está en las ciudades
Uno de los principales planteos realizados desde el sector rural es que la situación no puede ser abordada únicamente dentro de los establecimientos productivos. Para Apolinaire, resulta indispensable actuar sobre la presencia de perros sin control en los centros urbanos antes de que esos animales terminen desplazándose hacia zonas rurales.
“Esto es un problema que nace en las ciudades con los perros que están en la calle y después se traslada al campo”, explicó.
Desde febrero, representantes del sector vienen trabajando junto al ministro de Producción, Francisco Devita, dentro del comité de seguimiento de esta problemática. Uno de los objetivos es avanzar en convenios con las tres ciudades fueguinas para establecer criterios comunes y dejar atrás las intervenciones aisladas.
Durante el último año también se realizó un relevamiento de perros en Río Grande, Ushuaia y Tolhuin, con participación del CADIC-CONICET, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y los municipios. Esos datos permitirían establecer una base para evaluar si las políticas implementadas consiguen disminuir efectivamente la cantidad de animales sueltos.
El objetivo de llegar a “perros sueltos cero”
Para Apolinaire, informar únicamente la cantidad de castraciones realizadas no permite determinar si una política está funcionando. El análisis debería concentrarse también en los resultados obtenidos y, particularmente, en comprobar si disminuye la población de perros que permanece sin control.
En ese contexto, sintetizó el objetivo con una frase concreta: “perros sueltos cero”.
La estrategia, según el planteo del sector, debería combinar castraciones, identificación de los animales, controles, educación, fiscalización y tenencia responsable. El propósito es evitar que perros domésticos abandonados o sin supervisión terminen incorporándose a poblaciones asilvestradas que posteriormente sobreviven y se reproducen en el campo.
Los ataques comienzan a trasladarse hacia los bovinos
Mientras se intenta contener el origen urbano del fenómeno, los productores enfrentan una situación más compleja dentro de los establecimientos. Allí existen poblaciones de perros asilvestrados que llevan años reproduciéndose y desplazándose por extensas áreas rurales.
Según los estudios mencionados por la referente de la Sociedad Rural, estas poblaciones tendrían tasas de crecimiento anual cercanas al 47%, mientras que en determinados sectores podrían alcanzar hasta el 62%. Las cámaras trampa instaladas en distintos campos también registran de manera recurrente la circulación de estos animales.
El impacto, además, comenzó a modificarse. En sectores donde la cantidad de ovinos cayó considerablemente, los ataques empezaron a concentrarse sobre bovinos. La preocupación inmediata está puesta en las próximas semanas, cuando comiencen a aparecer nuevos terneros y aumente su vulnerabilidad frente a las jaurías.
Los productores temen encontrarse nuevamente con animales muertos o gravemente heridos, una situación que se repite desde hace varias temporadas y que suma nuevas pérdidas económicas a la actividad.
Analizan traer especialistas del exterior
Ante la necesidad de intervenir sobre poblaciones que ya se encuentran completamente asilvestradas, la Sociedad Rural analiza incorporar herramientas específicas para el ámbito productivo.
Apolinaire adelantó que se trabaja en la posibilidad de convocar durante el verano a especialistas de Canadá o Estados Unidos con experiencia en el control de especies exóticas invasoras. La intención es que puedan brindar capacitación sobre métodos de intervención aplicables dentro de los establecimientos fueguinos.
“Nosotros lo que sabemos hacer es producir carne y producir lana. No somos cazadores expertos”, señaló.
Durante años, los propios productores tuvieron que destinar personal, recursos y tiempo a intentar controlar una problemática que excede las tareas habituales de la ganadería y que, según entienden, necesita conocimientos específicos y una planificación integral.
Reclaman una política permanente para toda la provincia
Desde la Sociedad Rural consideran que las medidas no deberían depender de decisiones circunstanciales de cada administración. Apolinaire reclamó avanzar hacia una “política de Estado provincial permanente”, capaz de establecer responsabilidades, objetivos y mecanismos para evaluar periódicamente los resultados.
La coordinación entre Provincia y municipios aparece como uno de los puntos fundamentales. Las medidas de castración, identificación, control de animales sueltos, fiscalización y educación deberían desarrollarse simultáneamente, ya que el desplazamiento de los perros no reconoce límites entre jurisdicciones.
La problemática incluso alcanza al sector chileno de la Isla Grande. Apolinaire destacó que también existen dificultades vinculadas con perros asilvestrados del otro lado de la frontera y consideró necesario profundizar el intercambio de información y las acciones conjuntas.
Una problemática que golpea desde hace cuatro décadas
El impacto acumulado sobre la ganadería fueguina es significativo. Actualmente, el sector argentino de Tierra del Fuego cuenta con alrededor de 300 mil ovinos, mientras que en la región chilena de Magallanes la cifra supera los 1,3 millones.
Para Apolinaire, las consecuencias de cuatro décadas de ataques también deben medirse por las inversiones que dejaron de realizarse. Recursos que podrían haberse destinado al mejoramiento genético, al crecimiento de los rodeos o al desarrollo de productos con mayor valor terminaron siendo utilizados para afrontar distintas dificultades productivas.
“Entre distintas crisis económicas y el perro nos llevó puestos”, resumió.
Desde el sector sostienen que los diagnósticos y estudios ya permiten dimensionar el problema. El desafío ahora pasa por transformar esa información en medidas sostenidas, tanto dentro de las ciudades como en los establecimientos rurales, mientras la reproducción de los perros asilvestrados continúa y cada nueva temporada vuelve a poner en riesgo animales y producción.

