Piden que la miopía sea reconocida como enfermedad para frenar su avance
En el marco del Día Nacional de la Miopía, que se conmemora cada 14 de junio en Argentina, especialistas advirtieron sobre la necesidad de modificar el enfoque con el que se trata esta afección visual. Desde el Consejo Argentino de Oftalmología (CAO) señalaron que “reconocer a la miopía como una enfermedad no es una exageración: es una necesidad”.
Actualmente, la miopía afecta a un porcentaje creciente de la población mundial, y se estima que para 2050 más del 50% de las personas podría desarrollar esta condición. Aunque tradicionalmente se la consideró un problema menor o una cuestión de corrección óptica, los profesionales sostienen que se trata de una patología que puede progresar con el tiempo y derivar en enfermedades oculares más graves.
Existen dos tipos principales de miopía. La forma congénita o hereditaria suele manifestarse antes de los 7 años y es más común en personas con antecedentes familiares. Por otro lado, la miopía adquirida, vinculada al entorno y al estilo de vida, se ha vuelto más prevalente en la actualidad. Esta última está relacionada con el uso prolongado de pantallas, malas condiciones de lectura y la escasa exposición a la luz solar.
A diferencia de lo que se cree, la miopía ambiental no se corrige solamente con anteojos. Requiere seguimiento médico y, en algunos casos, el uso de tecnologías como lentes específicos que ayudan a frenar su progresión.
Desde el sector médico se alertó que considerar la miopía como una simple condición visual ha permitido que personas sin formación clínica completa indiquen tratamientos, lo que conlleva riesgos como diagnósticos tardíos y pérdida de oportunidades de intervención en la infancia.
Especialistas remarcaron la necesidad de implementar políticas públicas que incluyan la regulación de la prescripción óptica, la inclusión de programas de prevención en las escuelas y el acceso garantizado a controles oftalmológicos profesionales desde edades tempranas.
Finalmente, advirtieron que se está frente a una epidemia silenciosa que requiere respuestas estructurales urgentes para proteger la salud visual de la población.
