Moala, la chocolatería nacida en Ushuaia que crece desde el Fin del Mundo y desembarca en Buenos Aires

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Una empresa surgida en Ushuaia durante la pandemia continúa expandiéndose y acaba de concretar uno de sus pasos comerciales más importantes. Moala, la chocolatería fundada por el maestro chocolatero Adrián Ramírez Cantarell, abrió su primer local en la Ciudad de Buenos Aires luego de consolidar su presencia en Tierra del Fuego y extenderse posteriormente a El Calafate.

El emprendimiento, que tuvo su punto de partida en la capital fueguina, produce actualmente alrededor de 16 toneladas de chocolate por año y dispone de un catálogo cercano a los 75 productos, entre bombones, tabletas, trufas y diferentes figuras. Según los datos difundidos, la firma viene registrando además un crecimiento anual cercano al 15%.

El nuevo establecimiento funciona en Palermo Soho y demandó una inversión estimada en US$250.000. Se trata de un espacio de aproximadamente 120 metros cuadrados que representa la primera apertura de Moala fuera de la Patagonia y marca una nueva etapa para una marca que comenzó desarrollándose en Ushuaia en uno de los períodos económicos y comerciales más complejos de los últimos años.

La identidad fueguina mantiene un lugar destacado dentro del concepto de la empresa. Entre las figuras que identifican a cada destino, Moala desarrolló un pingüino relacionado directamente con Ushuaia, mientras que para El Calafate eligió una oveja. Para su llegada a Buenos Aires incorporó las denominadas “Vaquitas”, buscando que cada sucursal tenga elementos relacionados con la ciudad donde funciona.

Ramírez Cantarell explicó que la propuesta procura ir más allá de la elaboración tradicional. “Buscamos trabajar cada chocolate con la máxima calidad, pero también con creatividad y sensibilidad”, señaló. La firma utiliza cacao procedente principalmente de África Occidental y Sudamérica, además de coberturas seleccionadas en Bélgica, Francia y Ecuador.

Parte de los procesos también se desarrollan artesanalmente dentro de la empresa. Los rellenos y las pastas de frutos secos son elaborados internamente y sin conservantes, mientras que para la producción se emplea maquinaria italiana y moldes especialmente fabricados en Bélgica. En el flamante local porteño, incluso, los clientes podrán observar parte del proceso de terminación de los chocolates.

Pese al crecimiento y la llegada a nuevos mercados, el fundador mantiene a Ushuaia como referencia central en la historia del proyecto. “Nacimos en Ushuaia, pero nuestro diferencial nunca fue solamente el lugar donde estamos. Lo que nos interesa es la libertad creativa que surge de crear lejos de las fórmulas tradicionales”, expresó.

La apertura en Buenos Aires coloca así a una empresa originada en Tierra del Fuego frente a un mercado considerablemente más amplio. Desde una primera experiencia desarrollada en Ushuaia hasta alcanzar una producción anual de 16 toneladas, Moala busca ahora consolidar una expansión que mantiene al Fin del Mundo como parte esencial de su identidad.