El invierno meteorológico de 2026 dejó un registro histórico en Ushuaia: entre junio, julio y agosto se acumularon apenas 26 centímetros de nieve, la cifra más baja desde que la estación meteorológica del CADIC comenzó a recopilar información en 1985. El volumen representa aproximadamente un tercio de lo que habitualmente se registra durante ese período del año.
El dato fue explicado por Federico Ponce, geólogo del CADIC, quien detalló que el análisis corresponde específicamente al denominado “invierno meteorológico”. A diferencia del invierno astronómico, que finaliza el 21 de septiembre, para los estudios climáticos se utiliza el trimestre comprendido entre junio y agosto. Por ese motivo, las nevadas registradas durante septiembre no forman parte de esta medición.
De casi un metro de nieve a solamente 26 centímetros
En declaraciones radiales, Ponce explicó que la estación del CADIC cuenta con cuatro décadas de registros y que, una vez concluido agosto, la comparación con los años anteriores confirmó lo que ya se percibía durante buena parte del invierno.
“Efectivamente es un invierno con muy poca nieve, de hecho es un récord, porque es el invierno con menor cantidad de nieve caída en estos 40 años de registro de la Estación Meteorológica de CADIC”, afirmó.
La diferencia con los valores habituales es considerable. Para caracterizar el clima se utilizan los últimos 30 años de registros y, durante ese período, el promedio de nieve acumulada durante junio, julio y agosto se ubicó alrededor de los 95 a 96 centímetros. Este año fueron solamente 26 a 27 centímetros.
“Exactamente, un tercio, la tercera parte de lo que, en promedio, estuvo cayendo en los últimos 30 años. Muy por debajo de la media”, explicó Ponce.
Cinco años consecutivos por debajo del promedio
El registro de 2026 no aparece completamente aislado. Los datos analizados por el CADIC muestran que desde 2020 los valores permanecen por debajo del promedio histórico y que durante los últimos cinco años se observa una disminución en la cantidad de nieve.
Ponce señaló que el comportamiento comenzó a advertirse incluso antes. Recordó que 2015 fue un año con abundantes nevadas, mientras que desde 2016 comenzaron a sucederse temporadas con menores acumulaciones.
Sin embargo, el investigador pidió cautela antes de establecer una conclusión definitiva sobre lo que ocurrirá en los próximos inviernos. El período todavía resulta corto para afirmar con certeza que la disminución continuará de la misma manera año tras año.
Sí existe otro fenómeno de mayor duración que los investigadores vienen observando: el aumento de las temperaturas medias anuales y de invierno. “Una de las principales causas de la menor cantidad de nieve caída en invierno es que las temperaturas están incrementando”, explicó.
Ponce señaló que ese aumento se registra desde hace varias décadas y forma parte de una tendencia que no se limita a Ushuaia. Por ese motivo, consideró probable que continúen observándose menores cantidades de nieve en términos generales, aunque aclaró que pueden existir inviernos particulares con mayores precipitaciones debido a las condiciones atmosféricas de cada temporada.
Los glaciares fueguinos ya muestran las consecuencias
La reducción de las nevadas tiene además efectos que trascienden el paisaje invernal. Uno de los principales se observa sobre los glaciares, que necesitan de la acumulación de nieve para incorporar masa.
“Si cortamos el alimento de los glaciares y la cantidad de nieve caída es muy baja, y encima los veranos están siendo cada vez un poquito más cálidos, esa combinación es bastante mala para los glaciares”, advirtió Ponce.
Los estudios que se desarrollan en la región muestran una respuesta rápida ante esas condiciones. Según el investigador, los glaciares fueguinos argentinos están retrocediendo de manera cada vez más acelerada.
El fenómeno ya produjo modificaciones concretas en el territorio. Ponce aseguró que todos los glaciares estudiados presentan retroceso y reveló que algunos directamente dejaron de existir durante las últimas décadas.
“En 25 años han desaparecido glaciares por completo”, afirmó. No obstante, diferenció la situación fueguina de episodios de colapso ocurridos en otras regiones montañosas del mundo y consideró difícil que actualmente pueda producirse localmente un evento de características similares al registrado en Nepal.
Menos nieve también puede afectar ríos y aumentar el riesgo de incendios
Las consecuencias podrían hacerse visibles durante los próximos meses. Los ríos y arroyos del sur fueguino reciben agua proveniente del deshielo de la nieve, de los glaciares y de las lluvias. Con una acumulación invernal considerablemente menor, algunos cursos podrían registrar una disminución de sus caudales durante la primavera.
También existe una relación con la humedad disponible en el suelo. La nieve y el hielo acumulados durante el invierno aportan agua progresivamente durante el deshielo. Si esa reserva es escasa y posteriormente se presenta un verano con pocas precipitaciones, las condiciones pueden favorecer una mayor sequedad.
Ponce explicó que un verano lluvioso podría compensar parcialmente esa situación. En cambio, si las precipitaciones también resultan bajas, podrían registrarse suelos más secos y un mayor riesgo de incendios durante el verano.

