Menos hielo y nuevos refugios: cómo se adaptan los pingüinos emperador en la Antártida

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La reducción del hielo marino alrededor de la Antártida está modificando uno de los ambientes más extremos del planeta y obliga al pingüino emperador a buscar nuevas estrategias para sobrevivir. La especie depende especialmente del hielo costero fijo para reproducirse, cuidar a sus crías y completar la muda de plumaje, por lo que los cambios en su extensión representan una amenaza directa para sus colonias.

Actualmente se conocen 66 colonias distribuidas sobre las costas antárticas, donde viven cientos de miles de ejemplares. Sin embargo, nuevas investigaciones basadas en imágenes satelitales muestran que algunas de esas poblaciones existen desde mucho antes de su descubrimiento oficial y que los animales poseen una capacidad de desplazamiento mayor a la que se suponía.

Dos estudios publicados durante 2026 reconstruyeron varias décadas de historia mediante registros obtenidos por los satélites Landsat y otros sistemas de observación. Como estos equipos no siempre permiten distinguir a cada pingüino individualmente, los investigadores utilizan las grandes manchas de guano acumuladas sobre el hielo para localizar desde el espacio los sitios de reproducción.

El análisis permitió determinar que 18 colonias habían estado presentes, en promedio, unos 17 años antes de ser identificadas formalmente. Uno de los casos más destacados corresponde a la isla Smyley, en el mar de Bellingshausen, donde una población de aproximadamente 6.000 pingüinos pudo ser rastreada hasta 1989, unos 20 años antes de lo que se conocía hasta ahora.

Esa colonia también se convirtió en un ejemplo de la capacidad de respuesta de los emperadores frente a condiciones adversas. Durante el fuerte retroceso del hielo marino registrado en 2022, las imágenes mostraron que los animales se desplazaron hacia un iceberg encallado próximo a la costa. Pese a varios años caracterizados por una baja cobertura de hielo, la población continuó siendo detectada y volvió a aparecer en registros de diciembre de 2025 cerca del borde de una plataforma.

Los especialistas advierten, de todos modos, que esa resistencia tiene límites. Una temporada reproductiva negativa no necesariamente pone en peligro a toda una colonia, ya que las tormentas, los depredadores y otros factores naturales también pueden provocar fuertes pérdidas. La preocupación aumenta cuando los fracasos se repiten durante varios años consecutivos y las poblaciones dejan de tener capacidad para recuperar los ejemplares perdidos.

Otros grupos también demostraron que pueden abandonar temporalmente sus zonas tradicionales. Investigaciones sobre las colonias Mertz y SANAE revelaron desplazamientos hacia icebergs, plataformas y bahías protegidas después de cambios bruscos en el hielo. En el caso de SANAE, los pingüinos llegaron a trasladarse unos 11 kilómetros y utilizaron durante varios años diferentes superficies antes de regresar completamente a su área habitual de reproducción.

La posibilidad de aprovechar plataformas de hielo, grietas glaciares o icebergs podría convertirse en una herramienta importante frente a un escenario de temperaturas oceánicas más elevadas. Sin embargo, los científicos remarcan que esta flexibilidad no garantiza por sí sola la supervivencia de la especie si la disminución del hielo marino continúa durante las próximas décadas.

En ese contexto, los satélites se transformaron en una herramienta fundamental para estudiar poblaciones ubicadas en regiones prácticamente inaccesibles. Sus registros permiten reconstruir décadas de movimientos y observar cómo los pingüinos emperador reaccionan ante un ambiente que cambia rápidamente, ofreciendo información clave para determinar hasta dónde puede llegar su capacidad de adaptación.