La combinación entre caída de ventas, menor facturación y deudas acumuladas comienza a generar un escenario cada vez más complejo para empresas y comercios de Río Grande. El presidente de la Cámara de Comercio, José Luis Iglesias, advirtió que muchas firmas están encontrando dificultades para refinanciar sus compromisos porque sus números actuales ya no permiten demostrar ante los bancos la capacidad financiera necesaria para obtener nuevos créditos.
En declaraciones a FM del Pueblo, Iglesias explicó que el problema aparece especialmente cuando una empresa necesita renovar financiamiento utilizado anteriormente para sostener su actividad. La reducción de los ingresos termina deteriorando los balances y condicionando cualquier nueva negociación con las entidades financieras.
“El flujo de fondos no me da”
El titular de la Cámara de Comercio describió cómo la pérdida de facturación termina cerrando progresivamente las posibilidades de financiamiento. “Si yo tengo que hacer un flujo de fondos para presentárselo al banco para que me renueve el crédito, no me da”, afirmó.
Según explicó, los ingresos actuales de muchas empresas quedaron desfasados respecto de los compromisos adquiridos anteriormente y de los costos necesarios para continuar funcionando. “La facturación no está acorde a los ingresos con lo que se pretende como para hacer frente a lo anterior y a lo nuevo que estoy pidiendo”, señaló.
El riesgo, advirtió, es que las dificultades financieras de una empresa importante no queden concentradas únicamente en esa firma. Proveedores y pequeños comercios pueden terminar recibiendo el impacto mediante cheques rechazados, pagos demorados u obligaciones incumplidas.
“Cuando se cae uno grande, los cheques y los compromisos de ese grande empiezan a aplastar a los más chiquitos”, expresó Iglesias al explicar el efecto en cadena que puede producirse dentro del entramado comercial.
Refinanciar deudas, pero con tasas que puedan pagarse
Frente al crecimiento de los compromisos financieros, Iglesias consideró positivas las herramientas que permitan reestructurar pasivos. Indicó que mantuvo conversaciones con autoridades del Banco Nación por alternativas crediticias y destacó la extensión al sector privado de mecanismos de readecuación de deudas por parte del Banco Tierra del Fuego.
“Es una buena medida”, consideró. Sin embargo, planteó que cualquier alternativa de refinanciación pierde efectividad si las tasas terminan siendo incompatibles con la capacidad real de pago de empresas y familias.
Uno de los ejemplos que mencionó fueron las tarjetas de crédito. De acuerdo con los cálculos que estuvo analizando, financiar una deuda mediante el pago mínimo podría llevar el costo a niveles cercanos al 127% anual.
“El 127% anual es un disparate con una inflación mucho más baja”, cuestionó. A ese porcentaje, explicó, todavía deben agregarse diferentes conceptos como mantenimiento, comisiones, impuestos y sellos que incrementan el costo que finalmente afronta el usuario.
Advirtió por créditos con costos de hasta el 440%
Iglesias también puso el foco sobre determinadas alternativas de financiamiento ofrecidas mediante billeteras virtuales. Según sostuvo, algunos préstamos por montos relativamente pequeños pueden alcanzar costos financieros cercanos al 440%.
El problema adquiere otra dimensión cuando esos créditos son utilizados para cancelar obligaciones anteriores o cubrir gastos cotidianos. En esas condiciones, una solución financiera de corto plazo puede convertirse rápidamente en una deuda difícil de sostener.
Por ese motivo, recomendó revisar detenidamente tasas, comisiones y cada concepto incluido en los resúmenes antes de financiar consumos o solicitar nuevos préstamos. “La gente debería agarrar su celular, un poquito menos de Instagram y un poquito más de inteligencia artificial, y ver cuánto me están cobrando en mi resumen”, manifestó.
Cuestionó la reacción del Estado ante la crisis
El dirigente empresarial también apuntó contra la falta de anticipación frente al deterioro de la actividad económica. Consideró que varias de las dificultades que hoy atraviesan comercios y empresas podían proyectarse con anterioridad y reclamó herramientas que permitan amortiguar sus consecuencias.
Para Iglesias, mientras una parte del sector privado comenzó a ajustar gastos y tomar recaudos frente a la disminución de las ventas, desde el sector público no hubo una respuesta con la anticipación necesaria.
El escenario que describe la Cámara de Comercio muestra así una nueva dificultad para la economía riograndense: ya no se trata solamente de vender menos, sino de empresas que deben afrontar compromisos asumidos cuando sus niveles de facturación eran diferentes y que ahora encuentran mayores obstáculos para conseguir el financiamiento necesario para continuar funcionando.

