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Fuerte giro en el juicio: un perito sostuvo que la acusada “construyó un relato para victimizarse” y alertó sobre su peligrosidad social

Durante la tercera jornada del debate oral, el psiquiatra de la querella presentó un análisis exhaustivo que descartó cualquier alteración mental y describió un patrón de conducta violento, reiterativo y con riesgo de reincidencia.

La tercera audiencia del juicio oral dejó uno de los testimonios más impactantes desde el inicio del proceso. El médico psiquiatra de la querella, Adolfo Óscar Méndez, desarrolló una exposición técnica y minuciosa que no solo reforzó la hipótesis acusatoria, sino que además aportó una mirada más severa sobre el perfil psicológico de la imputada.

A lo largo de su declaración, el especialista sostuvo de manera enfática que la acusada contaba con plena capacidad psíquica al momento del hecho investigado. En ese sentido, explicó que no se detectaron indicadores clínicos que permitan inferir una alteración de sus facultades mentales, descartando la existencia de cuadros que pudieran afectar su comprensión de la criminalidad del acto o su capacidad de dirigir sus acciones.

El perito remarcó que, desde el punto de vista psiquiátrico-forense, la imputada se encontraba dentro de parámetros considerados normales. Subrayó que no hubo signos de inconsciencia, desorganización psíquica ni episodios compatibles con estados de emoción violenta, lo que —según indicó— consolida la idea de que actuó con plena lucidez.

Uno de los aspectos más relevantes de su intervención fue la discrepancia con evaluaciones previas respecto al diagnóstico de la personalidad. Mientras otros informes habían sugerido un trastorno límite, Méndez sostuvo que, tras su análisis, el cuadro se corresponde con un trastorno de la personalidad de tipo antisocial. Según explicó, este tipo de estructura se caracteriza por la transgresión sistemática de normas, la manipulación interpersonal, la impulsividad y una marcada ausencia de empatía.

En esa línea, el profesional detalló que no se trata de conductas aisladas, sino de un patrón persistente que se habría consolidado a lo largo del tiempo. A su entender, la violencia emerge como una respuesta recurrente frente a situaciones de frustración o conflicto, evidenciando dificultades para canalizar emocionalmente determinados estímulos.

El testimonio también puso el foco en la conducta posterior al hecho y en la forma en que la imputada construyó su relato. Méndez señaló que durante las entrevistas periciales detectó inconsistencias y contradicciones que, desde su perspectiva, no resultan compatibles con un relato espontáneo. Por el contrario, sostuvo que se evidenció una intención de influir en la percepción de terceros, mediante un discurso orientado a generar empatía y colocarse en el rol de víctima.

El psiquiatra vinculó este tipo de comportamiento con rasgos típicos de personalidades antisociales, donde el engaño y la manipulación pueden formar parte de un patrón habitual de funcionamiento. En ese contexto, advirtió que estas estrategias pueden extenderse incluso al ámbito judicial, afectando la interpretación de los hechos.

Otro de los puntos más contundentes de su exposición estuvo relacionado con la ausencia de remordimiento. Según indicó, determinadas actitudes y expresiones posteriores al hecho reflejarían una preocupante indiferencia frente al daño ocasionado. Este elemento, consideró, resulta clave para comprender la gravedad del cuadro, ya que implica una baja capacidad de freno interno ante conductas violentas.

Hacia el final de su declaración, Méndez fue aún más categórico al referirse al nivel de riesgo. Desde su rol profesional, manifestó que la imputada presenta características que la posicionan como potencialmente peligrosa para terceros, en función de su impulsividad, su dificultad para ajustar la conducta a las normas y la posibilidad de reiteración de episodios violentos.

En ese marco, el especialista cuestionó las decisiones adoptadas en etapas previas del proceso en relación a su situación de libertad, al considerar que existían elementos suficientes para advertir sobre el riesgo que representaba.

La declaración del perito de la querella incorporó así una dimensión central al debate judicial: no solo la determinación de responsabilidades sobre el hecho investigado, sino también la evaluación del perfil psicológico de la acusada y su proyección futura. Su testimonio, de alto contenido técnico y fuerte impacto argumentativo, se perfila como uno de los elementos más relevantes que deberá ponderar el tribunal al momento de dictar sentencia.

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