El gobernador Gustavo Melella admitió la crisis financiera de Obra Social del Estado Fueguino y anticipó más aportes de los empleados públicos
Reconoció que los fondos “no alcanzan”, cuestionó leyes previas y deslizó que la salida será incrementar descuentos salariales. La gestión admite desfasajes estructurales, pero traslada el peso del ajuste a los afiliados.

En un diagnóstico tan crudo como polémico, el gobernador Gustavo Melella reconoció públicamente que la obra social estatal atraviesa una situación financiera crítica y que los recursos actuales resultan insuficientes para sostener las prestaciones médicas. Sin embargo, lejos de asumir responsabilidades políticas por la administración del sistema, planteó como principal salida un aumento de aportes de los propios trabajadores estatales.
“Si te entran siete pesos y necesitás doce, no alcanza, no podés ser mago”, graficó el mandatario al referirse al presente de la OSEF. La frase, directa pero simplificadora, resumió una postura que pone el acento en la escasez de ingresos, aunque evita profundizar en los problemas de gestión que la propia conducción reconoce desde hace años.
El gobernador aseguró que la obra social está “mal administrada” y que la normativa sancionada anteriormente “no era la que necesitaba el sistema”. Incluso cuestionó artículos legislativos que pretendían destinar recursos extraordinarios —como fondos portuarios— al pago de deudas, una alternativa que desestimó por considerarla impracticable.
Más descuentos al salario, la receta oficial
La propuesta central del Ejecutivo apunta a incrementar los aportes personales de los empleados públicos, que hoy rondan el 3%. “La obra social es nuestra y nos tenemos que hacer cargo nosotros”, sostuvo Melella, descartando de plano buscar financiamiento en otros sectores o fuentes externas.
El planteo generó reparos inmediatos: en un contexto de pérdida de poder adquisitivo, inflación sanitaria y caída del empleo, la única solución que ofrece el Gobierno sería profundizar los descuentos sobre salarios ya deteriorados.
Mientras tanto, el propio mandatario enumeró el aumento constante de costos —medicamentos, prótesis, derivaciones, prestaciones médicas— como factores que presionan el gasto, pero sin detallar con precisión el impacto de eventuales ineficiencias administrativas, contrataciones o estructura interna.
Reconocen falencias, pero sin autocrítica de fondo
Melella mencionó cambios en auditorías, nuevos mecanismos de compra de medicamentos y supuestos ahorros, aunque admitió que esas medidas “siguen siendo insuficientes”. El reconocimiento de que existen “dos millones de cosas para mejorar” deja en evidencia que el problema no es sólo de ingresos, sino también de gestión.
Aun así, el eje del discurso oficial vuelve a recaer sobre el afiliado: más aportes y mayor esfuerzo individual para sostener el sistema.
Un sistema tensionado
La crisis de la OSEF impacta directamente en miles de trabajadores estatales y jubilados de ciudades como Ushuaia y Río Grande, que dependen de la cobertura para acceder a tratamientos, medicamentos de alto costo y derivaciones al continente.
En paralelo, el gobernador describió un panorama económico general adverso, con caída de la actividad industrial, textil y comercial, menor recaudación y mayor demanda sobre el sistema público de salud, lo que incrementa todavía más la presión financiera.
Entre el diagnóstico y la responsabilidad
El mensaje final del mandatario apeló al optimismo y a la promesa de nuevas inversiones productivas. Sin embargo, en el caso concreto de la obra social, la hoja de ruta parece limitarse a trasladar el ajuste a los trabajadores.
La admisión de que “no alcanza” expone la magnitud del problema. La falta de un plan integral que combine financiamiento sostenible, transparencia y eficiencia deja abierta la pregunta de fondo: si la crisis es estructural, difícilmente se resuelva sólo con más descuentos al salario de quienes ya sostienen el sistema.
