Las billeteras virtuales, las transferencias y los pagos con código QR están transformando la manera de comprar de los argentinos. En apenas dos años, la cantidad de extracciones de dinero se redujo a menos de la mitad, mientras los bancos comienzan a disminuir su presencia física y apuestan cada vez más a las operaciones digitales.
Ir al cajero automático para retirar dinero dejó de ser una práctica habitual para una parte importante de los argentinos. La posibilidad de pagar desde el celular, transferir dinero en segundos o utilizar tarjetas modificó profundamente el movimiento cotidiano del efectivo. Esta transformación se refleja en las estadísticas oficiales, que muestran una caída sostenida en la cantidad de operaciones para obtener billetes.
Los registros del Banco Central de la República Argentina revelan que en julio de 2024 se realizaban aproximadamente 99 millones de extracciones mensuales en el país. Dos años después, esa cifra descendió a 46 millones, lo que representa una reducción superior al 53%. El cambio evidencia que cada vez menos consumidores necesitan disponer de dinero físico para afrontar sus gastos diarios.
La disminución resulta todavía más evidente al observar exclusivamente los cajeros automáticos. Las operaciones pasaron de casi 90 millones mensuales a poco más de 40 millones durante el mismo período, una diferencia que también plantea interrogantes sobre el futuro de esta infraestructura bancaria.
Los supermercados muestran cómo cambiaron los pagos
Las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos permiten observar el mismo fenómeno desde otro lugar: las cajas de los supermercados. Mientras que a comienzos de 2021 el efectivo representaba el 32,5% de las ventas, en junio de 2026 su participación había descendido al 16,6%.
En contrapartida, las modalidades alternativas de pago registraron un crecimiento considerable. Las transferencias, billeteras virtuales y operaciones mediante códigos QR, agrupadas dentro de otros medios de pago, aumentaron su participación del 5,3% al 15,6% durante ese período.
Las tarjetas de crédito también ganaron protagonismo y pasaron de representar el 35,1% al 41,9% de las ventas en supermercados. Las tarjetas de débito, por su parte, conservaron una participación cercana al 25%, consolidándose como una de las opciones más utilizadas.
Las promociones bancarias, los reintegros y los descuentos ofrecidos por las cadenas comerciales contribuyeron a fortalecer estas modalidades. Sin embargo, también existe un cambio generacional en las costumbres de consumo, especialmente entre quienes utilizan el teléfono celular como principal herramienta para administrar sus gastos.
Cada vez se retira menos dinero de los comercios
Durante los últimos años, supermercados, estaciones de servicio y farmacias incorporaron la posibilidad de entregar efectivo a sus clientes al momento de realizar una compra. Esta alternativa permitió acceder a billetes sin necesidad de acudir a una sucursal bancaria o utilizar un cajero automático.
Sin embargo, las estadísticas indican que esta modalidad tampoco logró escapar a la tendencia descendente. En julio de 2024 se contabilizaban aproximadamente 7 millones de operaciones mensuales, mientras que dos años después apenas superaban los 3 millones.
Esto demuestra que los consumidores no están reemplazando masivamente los cajeros por las cajas de los comercios, sino que directamente están reduciendo la necesidad de utilizar dinero físico.
Menos sucursales y una banca cada vez más digital
La transformación de los hábitos financieros también está modificando el funcionamiento de los bancos. La atención presencial y la disponibilidad de cajeros automáticos, que durante décadas fueron fundamentales para captar clientes, comenzaron a perder protagonismo frente a las aplicaciones y plataformas digitales.
En los últimos cinco años, Argentina registró una reducción de al menos 500 sucursales bancarias. Paralelamente, la cantidad de cajeros automáticos se estabilizó entre 19.000 y 20.000 equipos, sin mostrar una expansión significativa.
Mantener estas instalaciones implica gastos de seguridad, transporte de caudales, mantenimiento y abastecimiento de billetes. Frente a una demanda decreciente, las entidades financieras encuentran mayores incentivos para desarrollar servicios digitales que para ampliar su infraestructura tradicional.
A este escenario se suma la circulación del billete de $20.000, incorporado en noviembre de 2024, que permitió realizar extracciones de montos más elevados utilizando menos unidades. No obstante, la inflación posterior redujo parte de esa ventaja y el fenómeno de la menor utilización de efectivo continuó profundizándose.
Otro aspecto que permanece sin modificaciones es el monto mínimo de extracción que los cajeros deben permitir a usuarios de otras entidades bancarias, establecido en $60.000. Esta limitación convive con un sistema financiero en el que las operaciones electrónicas avanzan a mayor velocidad que las actualizaciones de la infraestructura destinada al manejo de efectivo.
La tendencia plantea un nuevo escenario para los próximos años. Aunque los billetes continúan siendo necesarios para determinados sectores de la población y actividades comerciales, los números muestran que el dinero físico ocupa un espacio cada vez menor en las transacciones cotidianas de los argentinos.

