Una investigación científica internacional permitió esclarecer qué provocó la muerte masiva de pingüinos Adelia registrada en 2024 en las Islas Peligrosas, un archipiélago ubicado en la Antártida. Aunque inicialmente se sospechaba de la gripe aviar, los análisis revelaron que el principal responsable fue el cólera aviar, una enfermedad bacteriana cuya presencia en la región podría remontarse a más de dos décadas.
El descubrimiento genera preocupación entre los especialistas debido a que el archipiélago alberga una de las mayores concentraciones reproductivas de esta especie, con más de 1,2 millones de parejas. La aparición de enfermedades infecciosas en colonias de semejante magnitud representa un desafío para la conservación de la fauna antártica.
La investigación comenzó en marzo de 2024, cuando una expedición científica llegó a las islas Heroina y Beagle y encontró un escenario alarmante. En uno de los sectores de desembarco de Heroina se contabilizaron 537 pingüinos muertos, entre ellos 172 adultos y 365 crías que estaban próximas a abandonar sus nidos.
Sin embargo, esa cifra representaba solamente una parte del episodio. En una meseta de la misma isla, los investigadores observaron cientos y posiblemente miles de cadáveres adicionales, mientras que en Beagle también detectaron una importante cantidad de animales muertos, aunque las condiciones meteorológicas impidieron realizar un relevamiento completo.
Los análisis revelaron una causa diferente a la sospechada
La expansión del virus H5N1 en distintas poblaciones de aves marinas había llevado a considerar a la influenza aviar como la principal explicación de la mortandad. No obstante, los estudios de laboratorio y los exámenes patológicos modificaron esa hipótesis inicial.
De los 49 animales examinados, 46 presentaron la bacteria Pasteurella multocida, responsable del cólera aviar. Aunque también se identificaron algunos casos de influenza aviar, los resultados determinaron que la enfermedad bacteriana fue el factor predominante entre los ejemplares estudiados.
El veterinario Ralph Vanstreels, investigador del Instituto One Health de la Universidad de California en Davis, explicó que la preocupación por la gripe aviar continúa vigente, pero advirtió que existen otras amenazas sanitarias que pueden afectar gravemente a las especies antárticas.
“Nos preocupa mucho el impacto de la gripe aviar en la fauna antártica, ya que los virus H5N1 se han relacionado con la mortalidad de aves marinas en la Antártida”, señaló el especialista. Sin embargo, aclaró que este episodio demuestra que otros agentes infecciosos también circulan y pueden provocar importantes pérdidas de animales.
Una bacteria que podría llevar décadas circulando
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación surgió del análisis genético de las muestras. Los científicos comprobaron que la bacteria encontrada mantiene una estrecha relación con una cepa detectada en aves marinas antárticas hace más de 20 años.
Además, identificaron similitudes con variantes registradas en otros sectores del océano Austral, separados por distancias superiores a los 8.000 kilómetros. Este hallazgo plantea la posibilidad de una circulación mucho más amplia del microorganismo, aunque todavía se desconoce cómo se produjo su dispersión entre regiones tan alejadas.
Matteo Iervolino, investigador de la Universidad Erasmus y principal autor del trabajo publicado en la revista científica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, advirtió que el cólera aviar podría representar una amenaza mayor de la que se había considerado hasta ahora.
“Los hallazgos sugieren que el cólera aviar podría ser una causa de mortalidad de aves marinas en la Antártida más extendida y subestimada de lo que se creía”, sostuvo el científico.
Preocupación por la salud de la fauna antártica
Los especialistas consideran que la transmisión de la bacteria podría producirse mediante el contacto directo entre aves, el consumo de animales infectados o la exposición a agua, nieve y superficies contaminadas con secreciones o materia fecal.
La convivencia de distintos agentes infecciosos en una misma región también dificulta identificar rápidamente las causas de los episodios de mortalidad. Por ese motivo, los investigadores remarcan la necesidad de mantener controles sanitarios y estudios específicos que permitan detectar enfermedades antes de que provoquen consecuencias de gran magnitud.
El caso de las Islas Peligrosas dejó en evidencia que incluso las colonias ubicadas en lugares remotos pueden enfrentar amenazas sanitarias persistentes. La investigación abre nuevos interrogantes sobre la circulación de bacterias en el ecosistema antártico y la posibilidad de que otros episodios de mortalidad hayan pasado inadvertidos durante años.

