El agujero de ozono sobre la Antártida fue uno de los más pequeños de las últimas décadas

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La capa de ozono sobre la Antártida volvió a mostrar señales favorables durante 2025. Por segundo año consecutivo, tanto la profundidad como la extensión del denominado agujero de ozono se mantuvieron considerablemente por debajo de los valores promedio observados entre 1990 y 2010, según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El dato adquiere relevancia para el extremo sur del planeta debido al papel que cumple la capa de ozono como barrera frente a la radiación ultravioleta. El fenómeno conocido como “agujero” no implica su desaparición total, sino una disminución pronunciada de la concentración de ozono que se produce principalmente durante la primavera antártica.

Una reducción superior al 25%

Uno de los indicadores utilizados por los especialistas es el déficit de masa de ozono. Durante 2025 alcanzó un máximo de 36,7 millones de toneladas el 29 de septiembre, frente al promedio de 50,1 millones registrado entre 1990 y 2010. La diferencia representa una reducción superior al 25%.

La OMM ubicó al episodio de 2025 entre el cuarto y quinto menos severo desde 1992, cuando comenzaron a observarse los patrones más intensos de deterioro. Además, fue el segundo año consecutivo con valores claramente inferiores al promedio histórico utilizado como referencia.

La evolución también contrastó con lo ocurrido entre 2020 y 2023, período caracterizado por agujeros relativamente grandes y persistentes. Ya en 2024 se había registrado una mejora, con un déficit máximo de 46,1 millones de toneladas, tendencia que se profundizó durante 2025.

Por qué el agujero fue menor

Las condiciones meteorológicas tuvieron una incidencia importante. La intensidad del fenómeno cambia de un año a otro debido a la circulación atmosférica, las temperaturas de la estratosfera y el comportamiento del vórtice polar antártico. Por esa razón, los científicos advierten que una temporada favorable no puede interpretarse de manera aislada como la desaparición del problema.

Sin embargo, detrás de esas variaciones anuales existe una tendencia de largo plazo que apunta hacia la recuperación. La reducción progresiva de sustancias que deterioran el ozono, entre ellas los clorofluorocarbonos (CFC), permitió comenzar a revertir el daño acumulado durante décadas.

El efecto del Protocolo de Montreal

Una de las claves fue el Protocolo de Montreal, el acuerdo internacional adoptado en 1987 para eliminar progresivamente sustancias responsables de la destrucción de la capa de ozono. La OMM considera que sus resultados ya pueden observarse, aunque advierte que la recuperación completa todavía demandará varias décadas.

El comportamiento registrado en 2025 aparece así como una nueva señal positiva, pero no definitiva. La propia OMM remarca que la radiación ultravioleta continúa representando un riesgo y que mantener los sistemas de monitoreo resulta fundamental para determinar si la recuperación se sostiene en el tiempo.