Una investigación desarrollada en el sector chileno de Tierra del Fuego puso bajo observación la calidad ambiental de distintos cursos de agua del Parque Natural Karukinka. Los científicos identificaron mercurio en organismos acuáticos y encontraron concentraciones particularmente elevadas en algunas truchas. El relevamiento también dejó otro dato significativo: durante tres años de muestreos no se detectaron peces autóctonos en los ambientes estudiados.
El trabajo científico se concentró en el río Rasmussen, el lago Despreciado y la laguna El Cura, tres ambientes de agua dulce ubicados en una región caracterizada por su escasa actividad industrial. Allí, los investigadores buscan comprender cómo un contaminante como el mercurio puede llegar a lugares alejados de los grandes centros urbanos y terminar acumulándose en los animales que habitan esos ecosistemas. Los primeros resultados muestran que el metal está presente en diferentes eslabones de la cadena alimentaria.
Una trucha presentó una concentración de mercurio cercana a los 6.000 microgramos por kilo
Entre los ejemplares examinados, las truchas café registraron los valores más elevados, con un máximo de 5.909 microgramos de mercurio por kilogramo. En esta especie, el promedio fue de 412 microgramos por kilo, mientras que en las truchas arcoíris alcanzó los 304 microgramos. Estas diferencias reflejan que la acumulación del contaminante varía considerablemente entre los peces analizados.
El estudio también encontró mercurio en larvas de libélulas, pequeños depredadores acuáticos que forman parte de la alimentación de las truchas. En estos organismos, las mediciones llegaron hasta los 239 microgramos por kilogramo. La presencia del metal en diferentes especies permite investigar su circulación a través de las relaciones alimentarias y su posible incremento en los depredadores de mayor tamaño.
La investigación está a cargo del biólogo Francisco Quesada, vinculado al Centro Nacional de Investigación en Ríos, Invasiones y Sistemas (IRIS), y cuenta con financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile. Uno de los aspectos centrales del proyecto es determinar si el mercurio llega a estos ambientes mediante corrientes atmosféricas que transportan contaminantes desde regiones distantes. Esta posibilidad explicaría su presencia en zonas naturales que no registran fuentes industriales importantes en sus inmediaciones.
Tres años de estudios sin encontrar peces autóctonos
Además de las mediciones de mercurio, los relevamientos realizados entre 2023 y 2025 mostraron una situación que genera interrogantes sobre la biodiversidad de los ambientes investigados. Durante las campañas únicamente se encontraron truchas arcoíris y truchas café, dos especies introducidas que actualmente forman parte de los ecosistemas acuáticos fueguinos. No hubo registros de peces nativos como el puye, la peladilla y la lamprea patagónica.
Esta ausencia no significa necesariamente que las especies autóctonas hayan desaparecido de esos lugares. Los investigadores esperan los resultados de análisis de ADN ambiental, una técnica que permite identificar organismos a partir de rastros genéticos presentes en el agua. Esa información será importante para establecer si todavía existen poblaciones nativas que no pudieron ser detectadas mediante los métodos de captura utilizados.
La presencia de especies introducidas constituye otro de los aspectos que analiza el proyecto, debido a las modificaciones que pueden producir en las comunidades acuáticas. Las truchas ocupan posiciones superiores dentro de la cadena alimentaria y pueden alimentarse de otros organismos presentes en estos ambientes. Por ese motivo, los científicos estudian tanto la acumulación de contaminantes como los posibles cambios en la composición de las especies.
Qué implicancias tiene para el consumo de pescado
Los niveles encontrados abren interrogantes sobre la exposición al mercurio mediante el consumo de peces provenientes de los sectores investigados. Este metal puede resultar perjudicial para la salud, especialmente cuando se presenta como metilmercurio, una sustancia capaz de afectar el sistema nervioso. Los riesgos son particularmente importantes durante el embarazo y las primeras etapas del desarrollo infantil.
Sin embargo, los investigadores todavía no cuentan con información suficiente para establecer conclusiones generales sobre la seguridad alimentaria de las truchas. Para determinar los riesgos concretos se necesitan estudios adicionales sobre el tejido comestible, las formas químicas del mercurio y los límites sanitarios correspondientes. Tampoco corresponde extender estos resultados a todos los ambientes acuáticos de Tierra del Fuego.
El relevamiento continúa en desarrollo y sus conclusiones son preliminares. Por el momento, los datos obtenidos en Karukinka aportan evidencia sobre la presencia de mercurio en ecosistemas alejados de grandes fuentes de contaminación y plantean nuevas preguntas acerca de la conservación de los peces nativos. Los próximos análisis permitirán conocer con mayor precisión el alcance de ambos fenómenos en los ambientes estudiados.

