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Declararon profesionales de salud mental y ratificaron el diagnóstico de Florencia Mansilla

Durante una nueva audiencia, integrantes del equipo de salud mental que la atendió en distintas etapas explicaron el cuadro clínico, la continuidad de los tratamientos y el alcance de los episodios disociativos mencionados en la historia clínica.

En una nueva jornada del juicio, declararon profesionales del área de salud mental que asistieron a Florencia Mansilla antes y después de los hechos investigados, y ratificaron aspectos centrales de su historia clínica, entre ellos el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad y una problemática de consumo.

Durante la audiencia, uno de los especialistas explicó que la paciente había sido atendida desde años anteriores al hecho, tanto en consultorio como en el ámbito hospitalario, por alteraciones en el estado de ánimo, evaluaciones de riesgo y distintas intervenciones terapéuticas. Según precisó, tras el episodio que es materia de investigación, la asistencia se profundizó a partir de una situación de crisis, con inestabilidad emocional y necesidad de seguimiento clínico.

De acuerdo con lo expuesto ante el tribunal, el diagnóstico principal al que arribó el equipo tratante fue el de trastorno límite de la personalidad, cuadro que —según explicaron— se mantuvo en el tiempo y al que luego se sumó una problemática vinculada al consumo.

Los profesionales indicaron que este trastorno se caracteriza por un patrón persistente de experiencias internas y comportamientos que se apartan de lo considerado adaptativo. También señalaron que puede incluir cambios bruscos de ánimo, dificultades en los vínculos interpersonales, sensación de vacío, frustración y reacciones intensas ante determinadas situaciones.
Uno de los puntos que concentró la atención fue la explicación brindada sobre el llamado juicio de realidad. Los especialistas señalaron que, al momento de la evaluación realizada la mañana posterior al episodio, Mansilla conservaba juicio de realidad, es decir, comprendía dónde estaba y la situación general en la que se encontraba.

No obstante, aclararon que en personas con este diagnóstico pueden aparecer microepisodios disociativos breves, que describieron como momentos de extrañeza o desconexión parcial, sin una pérdida total del contacto con la realidad.

En ese sentido, remarcaron que esos estados, cuando tienen un origen psicológico o psiquiátrico, suelen ser breves y no se prolongan durante un día completo. Según explicaron, los cuadros disociativos extensos suelen estar más asociados a causas neurológicas.

Otro tramo importante de la declaración estuvo vinculado a registros de la historia clínica de 2018, en los que se mencionaba que la paciente refería “voces” o la presencia de un “aliado” que le decía qué hacer.

Frente a ese punto, los profesionales aclararon que, según la interpretación clínica de los test realizados, no se trataba de un episodio psicótico ni de una alucinación, sino de lo que definieron como una resonancia del pensamiento o una forma de pensamiento interno recurrente.

Para explicar la diferencia, detallaron que una alucinación implica percibir como real una orden o una presencia inexistente, mientras que en estos casos se trata de una voz o pensamiento interno persistente, sin perder conciencia de que se trata de una experiencia subjetiva.

Los profesionales también fueron consultados sobre otras anotaciones incorporadas en la historia clínica, vinculadas a “vínculos enredados” y a la dificultad para tolerar intervenciones terapéuticas. Sobre este punto, explicaron que esa descripción remite a una forma de vincularse en la que la persona puede pasar de necesitar intensamente a alguien a rechazarlo, o bien tener dificultades para discriminar si un vínculo le resulta beneficioso o perjudicial.

Asimismo, indicaron que hubo períodos en los que Mansilla logró sostener el tratamiento, concurrir a controles y tomar la medicación, aunque también existieron interrupciones ligadas a situaciones personales y contextuales.
En la parte final de la audiencia se abordó la relación entre el diagnóstico psiquiátrico, el consumo problemático y la posibilidad de que se presentaran episodios disociativos. Sobre esto, uno de los profesionales sostuvo que no puede descartarse la existencia de un episodio de ese tipo en una persona con trastorno límite de la personalidad y consumo, aunque aclaró que esos episodios, de presentarse, son variables y breves.

También explicaron que estos cuadros pueden verse facilitados por situaciones traumáticas, estrés intenso o consumo de sustancias, pero insistieron en que eso no implica necesariamente una desconexión absoluta ni sostenida de la realidad.
Durante la declaración, los especialistas ratificaron el contenido de las historias clínicas incorporadas al expediente y señalaron que los registros reflejan lo observado en cada momento de atención. También aclararon que algunos test específicos fueron realizados por otros integrantes del equipo interdisciplinario, aunque su interpretación clínica era conocida y compartida dentro del tratamiento.
Con estos testimonios, el debate sumó una pieza relevante para la reconstrucción del estado de salud mental de Mansilla en distintos períodos y para el análisis que deberá realizar el tribunal sobre su situación al momento de los hechos.

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