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Comedor de Río Grande Brinda Apoyo a Familias Vulnerables: ‘El Hambre No Tiene Días Ni Horarios

En el barrio Margen Sur de Río Grande, el comedor «Manitos con Harina» se ha convertido en un refugio esencial para muchas familias que atraviesan momentos de necesidad. Silvia Dopozo, su referente, compartió su preocupación por el creciente número de personas que acuden a diario en busca de apoyo alimentario. Actualmente, el comedor reparte 60 viandas diarias y asiste a más familias con productos básicos como fideos, harina y azúcar.

Silvia explicó que la situación que enfrentan los comedores es cada vez más crítica. “Cada vez que una persona pierde su empleo, busca un lugar donde alimentarse, y muchos terminan en los comedores. Estamos luchando día a día para ayudar a quienes más lo necesitan”, comentó. La precarización laboral y la dificultad de llegar a fin de mes son factores que empujan a muchas familias a buscar este tipo de asistencia.

El comedor no solo brinda comida, sino también un espacio de apoyo emocional y social. Silvia destacó que el hambre no tiene horarios y que, por ello, el comedor atiende todos los días de la semana, sin excepción. Además, subrayó la importancia de formalizar el trabajo que realizan las cocineras comunitarias, en su mayoría mujeres que, sin sueldo ni beneficios sociales, deben cubrir gastos como los de luz, gas y productos de limpieza con sus propios recursos. “Este trabajo es fundamental, y necesitamos que se nos reconozca”, afirmó.

Dopozo también recordó su participación en una jornada municipal sobre cuidados igualitarios, donde una frase le dejó una profunda reflexión: “¿Quién cuida a los que cuidan?”. Esta pregunta refleja la realidad de muchas cocineras comunitarias, quienes, a pesar de su dedicación, enfrentan condiciones laborales precarias y carecen de derechos laborales básicos.

En el comedor, además de ofrecer alimentos, se atienden especialmente a niños y niñas. Silvia mencionó que, en su comedor, hay alrededor de 25 niños que dependen de esta ayuda, y destacó que en otros comedores de la ciudad la situación es aún más crítica. La mayoría de los asistentes son familias vulnerables, muchas encabezadas por mujeres solas, que, a pesar de trabajar, no logran cubrir todas las necesidades básicas de sus hijos.

Con el respaldo de organizaciones sociales, Silvia y otras cocineras comunitarias están impulsando un proyecto de ley para que se reconozca oficialmente su trabajo en Tierra del Fuego. Este proyecto busca que, al igual que en otras partes del país, las cocineras tengan condiciones laborales dignas, un salario y acceso a servicios de salud. “No pedimos nada que no sea justo”, afirmó.

Por último, Silvia hizo un llamado a la comunidad para que colabore con el comedor, destacando la falta de frutas y verduras frescas, que considera esenciales para una nutrición adecuada. “La fruta es un lujo. Cuando llega, los chicos se desesperan por ella”, explicó. Quienes deseen ayudar, pueden contactarse con el comedor a través del teléfono 2964-50-9580.

En este contexto, la solicitud de las cocineras comunitarias no solo es por una mejora en sus condiciones laborales, sino también por un reconocimiento justo a la labor que realizan, crucial para el bienestar de tantas familias en situación de vulnerabilidad.

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