Un estudio de la Universidad Austral revela un profundo cambio en las prioridades de los argentinos: en apenas diez años, la valoración de tener y criar hijos cayó 31 puntos porcentuales. Aunque la familia continúa siendo la principal fuente de satisfacción personal, las mujeres enfrentan mayores dificultades para compatibilizar el cuidado de sus seres queridos con el trabajo, el descanso y sus propios proyectos.
La manera de pensar la maternidad, la crianza y la conformación de una familia está cambiando en la Argentina. Las nuevas generaciones muestran una menor inclinación a considerar la llegada de los hijos como una condición fundamental para alcanzar una vida satisfactoria, mientras que las responsabilidades domésticas y de cuidado continúan distribuyéndose de manera desigual entre mujeres y varones.
Así lo reflejan distintas investigaciones elaboradas por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad, perteneciente al Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, que permiten analizar cómo evolucionaron las expectativas familiares y cuáles son las principales dificultades que atraviesan los hogares argentinos.
Uno de los resultados más significativos surge de la comparación entre 2015 y 2025. Mientras que hace una década el 77% de los consultados consideraba muy importante tener y criar hijos para lograr una buena calidad de vida familiar, actualmente esa opinión es compartida por apenas el 46%.
La disminución es todavía más pronunciada entre los adultos jóvenes. Dentro del grupo de 18 a 34 años, solamente el 34% atribuye una elevada importancia a la maternidad o paternidad como parte de su proyecto familiar.
No tener hijos comienza a consolidarse como una elección personal
Las investigaciones también permiten identificar los motivos detrás de la decisión de no convertirse en padres.
Entre las 89 personas encuestadas que no tenían hijos y expresaron que tampoco deseaban tenerlos, el 57,3% explicó que la maternidad o paternidad simplemente no formaba parte de sus planes de vida.
En segundo lugar apareció la ausencia de una pareja estable, mencionada por el 38,2%. También se destacaron las preferencias por viajar y experimentar nuevas vivencias, con el 32,6%, y la intención de concentrarse en el crecimiento laboral o profesional, con el 30,3%.
Las dificultades económicas fueron señaladas por el 22,5%, el mismo porcentaje que manifestó preocupación por las condiciones sociales, ambientales o políticas del mundo actual.
De esta manera, los resultados permiten observar que la decisión de no tener descendencia responde a una combinación de factores que exceden las cuestiones económicas y se relacionan con nuevas formas de construir proyectos personales.
Las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las tareas de cuidado
A pesar de las transformaciones culturales, las diferencias entre hombres y mujeres siguen siendo importantes cuando se analiza quién se ocupa de atender las necesidades familiares.
El relevamiento señala que el 73,9% de los hogares monoparentales incluidos en el análisis está encabezado por una mujer, una situación que refleja la fuerte presencia femenina en la crianza y el sostenimiento cotidiano de estas familias.
La desigualdad también se advierte entre quienes tienen a su cargo el cuidado de familiares. En ese grupo, el 60,6% de las mujeres cumple el papel de cuidadora principal, frente al 44,4% de los varones.
Esta distribución tiene consecuencias directas sobre la calidad de vida. El 54% de las mujeres que asumen la responsabilidad principal del cuidado reconoce que estas obligaciones afectan su posibilidad de descansar adecuadamente. Entre los hombres, esa dificultad fue mencionada por el 30%.
Las diferencias resultan todavía más marcadas cuando se consulta por la posibilidad de desarrollar proyectos individuales. Mientras el 44% de las cuidadoras principales manifiesta que sus responsabilidades familiares representan un obstáculo para alcanzar objetivos personales, entre los varones esa proporción desciende al 10%.
Además, cuatro de cada diez personas identificadas como cuidadoras principales presentan niveles intensos de sobrecarga. Cuando la atención está destinada a hijos menores de 18 años, ese indicador alcanza el 48,4%.
La familia continúa siendo lo más valorado por los argentinos
Pese a la menor importancia atribuida a tener hijos, los vínculos familiares conservan un lugar destacado entre las fuentes de bienestar personal.
Al momento de identificar qué aspecto de la vida les genera mayor satisfacción, el 43,2% de los participantes eligió a la familia, una proporción considerablemente superior a la registrada por otras actividades.
El desarrollo laboral y profesional obtuvo el 12,7% de las respuestas, seguido por el deporte y la recreación, con el 12,1%, y las amistades, con el 12%. Más atrás quedaron los viajes, con el 9,9%, y las prácticas religiosas o espirituales, con el 8,7%.
La valoración de la vida familiar también muestra diferencias importantes según la edad.
Entre los jóvenes de 18 a 34 años, el 23,7% identifica a la familia como su principal fuente de satisfacción. Sin embargo, esa proporción crece al 58,5% entre quienes tienen entre 35 y 49 años, alcanza el 60,2% en el segmento de 50 a 64 y llega al 71,4% entre los mayores de 65 años.
Los datos exponen una transformación particular: aunque las personas más jóvenes consideran cada vez menos indispensable tener hijos, los lazos familiares siguen representando un componente fundamental del bienestar, especialmente a medida que avanza la edad.
Las exigencias familiares también muestran diferencias entre hombres y mujeres
La percepción sobre las responsabilidades dentro del hogar constituye otro aspecto relevante de los estudios.
Ante la consulta sobre cuánto tiempo y dedicación demanda la familia, el 30,4% de las mujeres expresó un elevado nivel de acuerdo con la afirmación de que sus responsabilidades familiares son muy exigentes. Entre los hombres, la proporción fue del 22,2%.
No obstante, cuando se preguntó si consideraban que cumplían adecuadamente su función dentro del grupo familiar, el 67% de los varones respondió favorablemente, mientras que entre las mujeres el porcentaje fue del 61,3%.
Esta diferencia evidencia que las mujeres perciben una mayor presión vinculada con sus obligaciones familiares, al mismo tiempo que muestran una evaluación menos favorable de su propio desempeño.
El tiempo y la flexibilidad laboral aparecen como nuevas prioridades
Los estudios también identifican cambios en las condiciones que podrían favorecer la decisión de tener hijos.
La posibilidad de contar con horarios laborales flexibles y mayor autonomía para organizar las actividades cotidianas aparece entre las alternativas especialmente valoradas.
La conciliación entre empleo, responsabilidades domésticas, crianza y tiempo personal se presenta como uno de los principales desafíos, particularmente para las mujeres que concentran una mayor proporción de las tareas de cuidado.
En este escenario, las investigaciones muestran que las transformaciones familiares no se explican solamente por la situación económica. También intervienen las expectativas de desarrollo individual, la organización del trabajo y la manera en que se distribuyen las responsabilidades dentro de cada hogar.
Los resultados provienen de diferentes investigaciones de la Universidad Austral, entre ellas el Estudio Longitudinal sobre Familia en Argentina, con mediciones correspondientes a 2000, 2005, 2015 y 2025.
El análisis incluye además una encuesta online realizada entre octubre de 2025 y abril de 2026, en la que participaron 1.028 personas mayores de 18 años residentes en el país, junto con información estadística del INDEC y del Ministerio de Salud de la Nación.
Desde el punto de vista metodológico, corresponde señalar que la encuesta utilizó una muestra no probabilística en cadena, por lo que sus resultados describen las respuestas de los participantes y no necesariamente representan al conjunto de la población argentina.
En definitiva, las conclusiones reflejan una sociedad en la que cambian las decisiones sobre la maternidad y la paternidad, pero persisten desigualdades en la distribución del trabajo familiar, especialmente en las tareas de cuidado que recaen sobre las mujeres.

