Economía

Cada vez más jóvenes postergan irse de la casa de sus padres por el costo de alquilar

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Independizarse dejó de ser un paso natural para convertirse en un desafío económico para miles de jóvenes argentinos. Aunque muchos cuentan con empleo, los ingresos ya no alcanzan para afrontar el costo de un alquiler y los gastos asociados, lo que obliga a postergar la salida del hogar familiar.

Así lo revela un estudio del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), que indica que el 44% de los jóvenes todavía vive con sus padres, mientras que solo el 26% reside solo y otro 21% comparte vivienda con amigos o compañeros.

El informe señala que el principal obstáculo para independizarse es el costo de alquilar. Según el relevamiento, la denominada canasta de emancipación, que contempla alquiler, servicios y gastos básicos, asciende a $1.321.651 mensuales, una cifra que supera en 47% el salario promedio de un joven argentino, estimado en $900.000.

La investigación también muestra que vivir con la familia ya no responde únicamente a una decisión personal, sino a una combinación de factores económicos, sociales y culturales. Mientras el 27% de los consultados asegura sentirse contenido y tranquilo al permanecer en el hogar familiar, un 14% reconoce sentir frustración por no poder independizarse y un 13% afirma sentirse estancado.

A pesar de ese escenario, el deseo de mudarse sigue vigente: el 58% de quienes viven con sus padres manifestó que planea independizarse cuando su situación económica lo permita, mientras que uno de cada siete jóvenes confesó haber regresado a la casa familiar luego de haberse emancipado, principalmente por separaciones, dificultades económicas o el aumento del costo de vida.

El estudio también advierte que el alquiler representa solo una parte del problema. Mudarse implica afrontar gastos adicionales, como garantías, comisiones, mudanza, equipamiento del hogar y la necesidad de contar con ingresos estables para sostener el contrato.

Especialistas coinciden en que la falta de crédito hipotecario, el aumento de los alquileres y la pérdida del poder adquisitivo profundizan las dificultades para acceder a una vivienda. En ese contexto, la independencia residencial depende cada vez más de la estabilidad laboral, el nivel de ingresos y el respaldo económico familiar.

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