Antes del Azteca, la montaña: el operativo de Carlos Salvador Bilardo y la intuición de Diego Armando Maradona que parieron la gloria de México ’86
Enero de 1986 marcó un punto de quiebre en la historia de la Selección Argentina. A seis meses del inicio del Mundial y en medio de críticas feroces, el entonces entrenador Carlos Salvador Bilardo tomó una decisión que, en su momento, fue considerada extrema: trasladar a parte del plantel a Tilcara, en plena Quebrada de Humahuaca, para comenzar una preparación en altura que terminaría siendo tan polémica como visionaria.

El denominado “operativo Tilcara” tenía un objetivo claro: aclimatar a los futbolistas a las exigencias físicas que impondría el Mundial de México. Lejos del ruido de Buenos Aires y del escepticismo generalizado, Bilardo apostó a fortalecer tanto el aspecto físico como el mental de un grupo que todavía no convencía. La clasificación había sido agónica —con el recordado gol de Ricardo Gareca ante Perú— y una serie de amistosos poco alentadores frente al seleccionado mexicano alimentaban las dudas.
Mientras el entrenador defendía su plan contra críticas internas y externas, Diego Armando Maradona sostenía una convicción íntima. En la privacidad de aquel inicio de año, el capitán ya creía posible lo que para muchos parecía una quimera. Técnico y líder no siempre coincidían en las formas, pero sí estaban alineados en un objetivo común.
Tilcara fue más que una etapa de preparación: fue un mensaje. De sacrificio, de fe y de método. A casi 40 años de aquel enero decisivo, ese camino inicial ayuda a explicar lo que ocurrió meses después en el Estadio Azteca, cuando Argentina tocó el cielo y convirtió a México ’86 en una leyenda eterna.
