Un estudio identificó una fuerte concentración de actividad sísmica alrededor del glaciar Thwaites, uno de los sectores más vulnerables de la Antártida occidental. Los investigadores analizaron registros obtenidos durante más de una década y vinculan parte de las señales con el desprendimiento de enormes bloques de hielo y los cambios en la velocidad con la que el glaciar avanza hacia el océano.
Una investigación sobre la actividad sísmica de la Antártida detectó 245 eventos alrededor del glaciar Thwaites, una enorme masa de hielo cuya evolución es seguida especialmente por los científicos debido a su potencial incidencia sobre el nivel global del mar.
Los movimientos forman parte de más de 360 eventos asociados a glaciares identificados mediante el análisis de registros obtenidos entre 2010 y 2023. Muchas de esas señales no habían sido incorporadas previamente a los catálogos sísmicos porque su intensidad y características dificultaban su detección mediante las redes globales convencionales.
La mayor concentración se produjo en torno a Thwaites, mientras que otro grupo significativo fue localizado en cercanías del glaciar Pine Island. Ambos se encuentran en la Antártida occidental, una región especialmente estudiada por la pérdida de hielo registrada durante las últimas décadas.
No son terremotos tectónicos convencionales
Los investigadores determinaron que buena parte de los eventos registrados en Thwaites corresponden a los denominados terremotos glaciares, cuyo origen es diferente al de los movimientos provocados por fallas tectónicas.
Estas señales pueden producirse cuando grandes bloques se desprenden del frente de un glaciar. Al caer al océano, algunos icebergs pueden inclinarse o volcarse y terminar impactando contra la propia masa de hielo, liberando una cantidad de energía capaz de generar ondas sísmicas.
Precisamente por sus características, estos fenómenos pueden resultar más difíciles de detectar y localizar que un sismo tectónico tradicional.
De los 362 eventos estudiados, 245 se concentraron en el extremo marítimo de Thwaites, lo que representa alrededor de dos tercios del total identificado por los investigadores.
Una coincidencia que llamó la atención de los científicos
Uno de los aspectos que despertó mayor interés fue el momento en que se produjo un incremento de la actividad.
Entre 2018 y 2020 se registró un período especialmente activo que coincidió con una aceleración del desplazamiento de la lengua de hielo de Thwaites hacia el océano. Ese aumento de velocidad también había sido observado mediante información satelital.
Los científicos consideran que podría existir una relación entre ambos fenómenos, aunque todavía no está determinado con precisión qué mecanismos están detrás de ese comportamiento. Entre las hipótesis analizadas aparece la influencia de las condiciones oceánicas sobre el glaciar.
La detección de estos movimientos podría convertirse, de esta manera, en una herramienta adicional para observar cambios relativamente rápidos en la dinámica del hielo.
Por qué preocupa lo que ocurre con el glaciar Thwaites
Thwaites es seguido de cerca debido a su tamaño, ubicación y vulnerabilidad frente al calentamiento del océano. Su evolución puede tener consecuencias importantes para la estabilidad de sectores de la capa de hielo de la Antártida occidental y, a largo plazo, para el nivel del mar.
Por esa razón, los nuevos registros sísmicos no significan por sí mismos que el glaciar esté a punto de colapsar, pero aportan información para comprender cómo se desplaza, se fractura y responde a las condiciones del océano.
El comportamiento observado tampoco es idéntico al documentado en otros lugares. En Groenlandia, por ejemplo, los terremotos glaciares presentan una mayor estacionalidad y suelen incrementarse hacia el final del verano. En Thwaites, los investigadores encontraron un patrón diferente.
El misterio de los movimientos cerca de Pine Island
El estudio también detectó otro conjunto de eventos en las inmediaciones del glaciar Pine Island. Allí, sin embargo, la explicación resulta menos clara.
Las señales fueron localizadas entre 60 y 80 kilómetros del frente marítimo, demasiado lejos para atribuirlas fácilmente al impacto de icebergs contra el glaciar.
Determinar su origen requerirá nuevas investigaciones. En Thwaites, en cambio, los 245 eventos identificados proporcionan una nueva fuente de información para seguir la evolución de uno de los sistemas glaciares más sensibles de la Antártida.

