Alerta en EE.UU. por el avance del síndrome de hiperemesis cannabinoide, un trastorno vinculado al consumo crónico de marihuana
Expertos en salud en Estados Unidos están alertando sobre el crecimiento sostenido de una afección gastrointestinal asociada al uso prolongado de cannabis: el síndrome de hiperemesis cannabinoide (CHS). Según un informe publicado por National Geographic, el trastorno ya afecta a unos 2,75 millones de personas anualmente solo en territorio estadounidense y ha provocado un notable incremento en las hospitalizaciones entre 2017 y 2021.
El CHS se caracteriza por episodios recurrentes de náuseas intensas, vómitos persistentes y dolor abdominal. Una señal distintiva del cuadro es la compulsión de los pacientes por ducharse con agua caliente, como forma de alivio temporal del malestar.
Cannabis medicinal y el efecto paradójico
La paradoja del CHS es que, aunque el cannabis se usa terapéuticamente para aliviar náuseas y vómitos, en algunos usuarios puede desencadenar síntomas exactamente opuestos. Los especialistas coinciden en que la frecuencia y la potencia del consumo son factores clave. Mientras que hace 30 años el contenido de THC rondaba el 2 a 4%, hoy puede superar el 35%, según el profesor Deepak Cyril D’Souza de la Universidad de Yale.
¿Quiénes están en riesgo?
La mayoría de los pacientes con CHS son hombres jóvenes de alrededor de 30 años, que han consumido cannabis de forma casi diaria durante varios años. Un estudio de 2019 con 271 casos reveló que el tiempo promedio de consumo antes de la aparición de los síntomas es de 6,6 años.
Cómo se diagnostica
Actualmente, no existen pruebas específicas para diagnosticar CHS. El procedimiento habitual consiste en interrumpir completamente el consumo para observar si los síntomas desaparecen, lo que confirma retrospectivamente el diagnóstico. Según la Asociación Estadounidense de Gastroenterología, el diagnóstico requiere:
- Al menos tres episodios en un año con síntomas de menos de una semana de duración cada uno.
- Consumo frecuente de cannabis (más de cuatro días por semana) durante más de un año.
- Mejora clara de los síntomas tras seis meses de abstinencia.
Riesgos y complicaciones
El CHS puede tener consecuencias graves si no se trata adecuadamente. Las complicaciones incluyen:
- Deshidratación severa y desequilibrios electrolíticos, con riesgo de daño renal o convulsiones.
- Erosión dental por los vómitos frecuentes.
- Impactos psicológicos, como ansiedad o depresión durante el proceso de abstinencia.
Tratamientos disponibles
En fases agudas, el tratamiento se centra en la rehidratación intravenosa y medicamentos antieméticos. Algunos pacientes requieren benzodiacepinas o antipsicóticos. También se ha documentado que la aplicación de capsaicina tópica al 0,1% sobre el abdomen puede aliviar los síntomas.
Pese a esto, la única solución duradera es abandonar el consumo de cannabis. Sin embargo, esto presenta desafíos importantes, ya que muchos usuarios crónicos no desean suspender el consumo o experimentan síntomas de abstinencia emocional complejos, como irritabilidad, insomnio o falta de apetito.
¿Qué se sabe hasta ahora?
Aunque los mecanismos detrás del CHS no están completamente comprendidos, se cree que el sistema endocannabinoide, que regula funciones como el apetito, el dolor y la temperatura corporal, está involucrado. Además, se exploran posibles factores genéticos, y se ha observado una alta prevalencia de estrés y trastornos del sueño entre quienes desarrollan el síndrome.
El CHS también comparte características con el síndrome de vómitos cíclicos (CVS), aunque con la diferencia clave del consumo de cannabis como disparador.
Llamado a la concientización
Médicos y científicos insisten en que es necesario elevar la conciencia sobre este síndrome, especialmente en contextos donde el uso de cannabis es cada vez más común y legalizado. Si bien la mayoría de los consumidores habituales no desarrollan CHS, el crecimiento de casos y su impacto en el sistema de salud invitan a repensar los riesgos de un consumo crónico y sin seguimiento médico.
La advertencia, más allá del debate sobre el uso recreativo o medicinal, apunta a la necesidad de información equilibrada y acceso a diagnósticos tempranos, para evitar complicaciones y brindar alternativas terapéuticas adecuadas.
