La sustentabilidad de la pesca de centolla en el Canal Beagle continúa bajo análisis debido a la falta de relevamientos regulares y comparables. Aunque durante los últimos dos años comenzó a actualizarse la información, todavía será necesario contrastarla con los registros históricos para establecer la verdadera condición del recurso.
El doctor en Biología Gustavo Lovrich, investigador principal del CONICET, explicó que la situación local difiere de otras pesquerías argentinas. “Recién en los últimos dos años se están tomando datos, con más o menos regularidad, que van a permitir comparar con los datos históricos”, señaló.
El último estudio poblacional de referencia fue realizado en 2016 y determinó que solamente el 30% de los ejemplares se encontraba en condiciones reproductivas. Según el especialista, el problema ya había sido observado durante la década de 1990, por lo que los nuevos relevamientos serán fundamentales para conocer su evolución.
Lovrich sostuvo que una población explotada no siempre recupera el equilibrio que presentaba antes del inicio de la actividad comercial. Por esa razón, consideró indispensable mantener controles permanentes. “Eso hay que detectarlo y la única manera es detectándolo con datos”, remarcó.
A diferencia de lo que ocurre en las pesquerías nacionales del Atlántico, donde observadores a bordo registran información durante las operaciones, en el Canal Beagle la recopilación de datos fue irregular. Esta situación limita la posibilidad de efectuar evaluaciones anuales y definir medidas de manejo con mayor precisión.
El investigador aclaró que la sustentabilidad no se mide únicamente por la cantidad de centollas disponibles. Las certificaciones internacionales también consideran la confiabilidad de la información, los mecanismos utilizados para tomar decisiones y las consecuencias del sistema de captura sobre otras especies.
Uno de los riesgos está relacionado con los cabos que conectan las trampas depositadas durante varios días en el fondo marino. Cuando esas líneas quedan suspendidas pueden provocar enredos de ballenas, delfines y lobos marinos. Para disminuir esa posibilidad, se propone agregar peso y mantener los cabos apoyados sobre el lecho.
Las trampas también incorporaron anillos de escape para permitir la salida de ejemplares pequeños y hembras con huevos, que no pueden ser capturados. Sin embargo, esta herramienta presenta dificultades durante la temporada de centollón, una especie de menor tamaño que también logra atravesar las aberturas.
Actualmente no existe un mecanismo completamente efectivo que permita pescar centollón durante el período de veda de la centolla sin retener accidentalmente ejemplares de la otra especie. Resolver ese inconveniente será otro de los desafíos para mejorar la selectividad de la actividad.
Para Lovrich, perfeccionar las trampas y reducir las capturas accidentales son pasos necesarios, pero no reemplazan el monitoreo de la población. Los relevamientos efectuados por la Provincia permitirán determinar si el recurso puede sostener el nivel actual de explotación y qué medidas deberán aplicarse para garantizar su continuidad.

