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“El miedo sigue ahí”: la voz de una venezolana en Río Grande sobre la realidad de su país


El testimonio de una venezolana residente en Río Grande expone el impacto cotidiano de la represión, el miedo y la censura en Venezuela, tras la reciente detención de Nicolás Maduro.

La reciente detención de Nicolás Maduro volvió a poner en el centro del debate internacional la situación política y humanitaria de Venezuela. En ese contexto, Florgeipsa Moreno Nazareth, ciudadana venezolana que reside desde hace ocho años en Río Grande, Tierra del Fuego, brindó un testimonio que refleja cómo la represión y el miedo atraviesan la vida cotidiana de millones de personas, incluso fuera del país.

Moreno Nazareth explicó que su familia permanece en Anzoátegui, una provincia alejada del epicentro político de Caracas, aunque aclaró que la distancia no implica seguridad. “Puede haber una aparente calma, pero el miedo está presente todo el tiempo. Las amenazas son más silenciosas, más tácitas”, sostuvo.

Uno de los aspectos más duros de su relato tiene que ver con la imposibilidad de comunicarse libremente con sus seres queridos. Según contó, las conversaciones con su madre deben ser medidas y cuidadas por temor a represalias. “No puedo hablar con mi mamá de forma literal sobre lo que ocurre. Si le revisan el teléfono, podría ser secuestrada. Esa es la verdadera dimensión de la dictadura”, afirmó.

Durante su etapa como estudiante universitaria en Caracas, Florgeipsa fue testigo directo de protestas, represión policial y hechos de violencia en la vía pública. Recordó las llamadas guarimbas, barricadas improvisadas para impedir el ingreso de grupos armados a los barrios, y el uso de gases lacrimógenos en zonas transitadas.

Como artista, señaló que la falta de libertad de expresión fue determinante para abandonar el país. “En un régimen así, reflexionar o expresarse artísticamente puede costarte la libertad o poner en riesgo a tu familia”, explicó.

También evocó los años más críticos del desabastecimiento, entre 2016 y 2018, cuando acceder a alimentos básicos era una tarea casi imposible. “No había café, azúcar, manteca. Era inviable proyectar una vida”, relató. Para poder emigrar, su familia debió vender piezas de oro heredadas, un hecho que describió como profundamente simbólico.

Sobre la actualidad del país, Moreno Nazareth describió una Venezuela partida en dos: una minoría vinculada al poder político con acceso al consumo y una mayoría con salarios mínimos que no cubren las necesidades básicas. A pesar de ello, destacó la resiliencia del pueblo venezolano y el uso del humor como herramienta de supervivencia.

Para la comunidad venezolana en el exterior, la detención de Maduro representa un hecho de fuerte impacto simbólico. “Es la sensación de que, aunque tarde, la justicia existe. Es un respiro después de 26 años de violencia, represión y presos políticos”, expresó, aunque advirtió que las heridas sociales y psicológicas son profundas.

Consultada sobre un eventual regreso de quienes emigraron, sostuvo que se trata de una decisión personal y reivindicó a la Argentina como un país históricamente abierto a la inmigración. “Nadie debería ser presionado a volver. Antes de preguntar si alguien va a regresar, lo primero debería ser la empatía”, concluyó.

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