Crece la amenaza de los perros asilvestrados en Tierra del Fuego: un problema sin control ni respuesta efectiva
El avance de los perros asilvestrados en Tierra del Fuego se ha convertido en una problemática ambiental y productiva crítica, según advierte Emiliano Arona, biólogo e investigador del CONICET, quien viene realizando un estudio de campo desde 2021. En una superficie de 40 mil hectáreas monitoreadas con cámaras trampa, se identificaron más de 200 perros —incluyendo cachorros—, lo que refleja una presencia alarmante y en crecimiento.
Aunque existen herramientas legales para abordar el problema, como la ley sancionada en 2017 que los declara especie exótica invasora, su aplicación es prácticamente nula en áreas rurales, donde el impacto es mayor.
Un fenómeno que pone en jaque a la fauna y al sector ganadero
Según explica Arona, estos perros no cazan por necesidad, sino por instinto. “Actúan en jaurías, pueden matar una gran cantidad de animales sin consumirlos. Hemos visto ovejas y guanacos muertos que simplemente fueron atacados y abandonados”, detalló.
El daño económico que generan es tan profundo que muchas estancias se vieron forzadas a abandonar la cría de ovejas, históricamente arraigada en la identidad productiva de la provincia. Algunas de ellas se volcaron al turismo como alternativa frente a la imposibilidad de continuar con la actividad ovina.
Además de afectar a la ganadería, los perros asilvestrados provocan un desequilibrio ecológico notable. El zorro gris —una especie nativa— prácticamente ha desaparecido de las áreas estudiadas. Los guanacos, por su parte, también sufren ataques constantes. El investigador calificó a estos perros como “depredadores torpes” que prosperan en un ecosistema sin competidores naturales, como el puma, ausente en la región.
La normativa está, pero no se aplica
Aunque hace ocho años se sancionó una ley que permite el control poblacional de los perros asilvestrados, Arona fue claro al afirmar que «nunca se implementó en el territorio rural». Y agregó que los esfuerzos se limitaron a entornos urbanos, mientras que el verdadero origen del problema —según su visión— está en las ciudades, donde la proliferación de perros sin control alimenta el fenómeno.
“El mayor generador de este conflicto es urbano. Ushuaia, Tolhuin y Río Grande tienen una cantidad muy alta de animales sueltos, y muchos de ellos terminan migrando o siendo abandonados en zonas rurales”, señaló.
Urge una acción coordinada
Para el especialista, la situación requiere un enfoque integral: políticas públicas que actúen tanto en la raíz del problema (el abandono y la falta de control en las ciudades) como en sus consecuencias (la devastación en el campo). “Desde 2017 hay una ley vigente, pero los perros aún no se han enterado de que se está haciendo algo”, ironizó.
El llamado de Arona pone sobre la mesa la necesidad de asumir con urgencia una política de control efectiva, que combine vigilancia, educación, tenencia responsable y acción directa en el campo para evitar que esta amenaza continúe destruyendo el frágil equilibrio de Tierra del Fuego.
