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Barrozo hereda un ministerio debilitado tras el paso de Devita: salen los funcionarios, quedan los problemas

La designación de Alejandro Barrozo como nuevo ministro de Economía marcó el cierre de la etapa de Francisco Devita y de un gabinete que abandona la gestión con logros acotados, cuestionamientos crecientes y nulos resultados ante Nación. Mientras el discurso oficial insiste en hablar de “estabilidad”, la realidad que asoma tras la salida del equipo económico muestra un ministerio desorientado y con deudas políticas y financieras de enorme peso.

Devita deja el cargo luego de dos años en los que la provincia no logró destrabar ningún mecanismo de financiamiento estratégico para hospitales, infraestructura energética ni equipamiento policial. Los tres préstamos solicitados quedaron congelados en escritorios nacionales y el diálogo con el Gobierno central nunca pasó de la formalidad. Con él se retiran secretarios y subsecretarios que prometieron un blindaje frente al ajuste, pero terminaron administrando paliativos de corto aliento.

Un gabinete que conocía el precio de la leche, pero no la salida de la crisis

El exministro y su gabinete reivindican programas de descuentos comerciales y ferias mensuales, medidas que en el mejor de los casos funcionaron como alivios temporales. Los críticos dentro y fuera del oficialismo señalan que esas acciones no modificaron la matriz recesiva: la industria continuó cayendo, el salario real perdió terreno en 2025 y los indicadores sociales se deterioraron sin un plan integral que marcara horizonte.

La economía fueguina quedó dependiendo casi exclusivamente del esfuerzo provincial, con rutas nacionales abandonadas, edificios públicos sin mantenimiento y un hospital que sigue esperando inversiones. El equipo económico saliente supo recorrer barrios y escuchar reclamos, pero no tradujo esa territorialidad en resultados estructurales.

La herencia incómoda

Barrozo asume con una extensa trayectoria técnica, pero hereda un ministerio golpeado por la falta de peso institucional que caracterizó a Devita. El enfrentamiento político entre el gobernador y la Casa Rosada se consolidó como excusa permanente para justificar lo injustificable: 24 meses sin un solo peso de asistencia nacional, convenios firmados que no se cumplieron y un régimen de obligaciones recíprocas que quedó en un limbo inexplicable.

Los municipios, por primera vez, comenzaron a mostrar atrasos en contribuciones y pagos a proveedores, síntoma de que el ciclo económico provincial tampoco está sano. Devita se va; Canals lo acompañó; su gabinete completo se retira. Pero el poder adquisitivo no se recompuso, la obra pública no volvió y la industria sigue al 57%.

Debate abierto

La salida del equipo económico deja una pregunta que incomoda a todo el arco político fueguino:

¿Qué estabilidad es posible cuando el ministerio fracasa en conseguir inversiones y el gabinete se va con las manos vacías?

Barrozo tendrá el desafío de demostrar que el problema no era solo Nación, sino también un gabinete que nunca logró liderar un rumbo propio y quedó atrapado en la inercia del ajuste.

La provincia inicia 2026 con nuevo ministro, pero con los mismos inconvenientes que Devita y su gabinete no supieron —o no pudieron— resolver.

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