8 de enero: fe popular, peregrinación y memoria en torno al Gauchito Gil
Cada 8 de enero, la provincia de Corrientes vuelve a convertirse en escenario de una de las expresiones de religiosidad popular más convocantes de la Argentina. Miles de personas llegan desde distintos puntos del país hasta el santuario del Gauchito Gil, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de Mercedes, para agradecer favores, cumplir promesas o pedir protección.

La conmemoración trasciende lo religioso y adquiere un fuerte carácter cultural y social. A la vera de rutas y caminos, las cintas rojas, las banderas y los pequeños altares improvisados marcan la vigencia de un culto que creció al margen de la Iglesia, pero que se consolidó como parte del ADN simbólico del país.
Un personaje entre la historia y la leyenda
Detrás del mito se encuentra la figura de Antonio Mamerto Gil Núñez, un peón rural nacido a mediados del siglo XIX en Corrientes. Los relatos orales lo describen como un hombre solidario y rebelde, reacio a participar en conflictos armados y cercano a los sectores más humildes. Con el paso del tiempo, su historia se fue mezclando con elementos míticos que lo transformaron en una suerte de protector de los desamparados.
La tradición sostiene que fue perseguido por desertar de las milicias y que finalmente fue ejecutado sin juicio previo. Ese episodio violento marcó el inicio del culto: según la creencia popular, tras su muerte comenzaron a atribuirse milagros y favores concedidos a quienes invocaban su nombre con fe.
El santuario y la peregrinación
Cada año, el santuario principal recibe una multitud heterogénea: familias, camioneros, trabajadores rurales, jóvenes y adultos mayores. Muchos llegan caminando largas distancias, otros en caravanas o a caballo. Las ofrendas incluyen velas, alimentos, bebidas y objetos personales, en un ritual que combina agradecimiento, pedido y promesa.
El color rojo, asociado a su pañuelo y a la sangre derramada, domina el paisaje y se convierte en un símbolo inmediato de la devoción. Para los fieles, no se trata solo de pedir milagros, sino de reafirmar una identidad colectiva ligada a la justicia, la protección y la solidaridad.
Una devoción que se multiplica
Lejos de limitarse a Corrientes, el culto al Gauchito Gil se replica en todo el territorio nacional. Altares en banquinas, cruces rojas y pequeñas imágenes acompañan rutas, campos y barrios urbanos, demostrando la expansión de una fe que se transmite de generación en generación.
A más de un siglo de su muerte, el Gauchito Gil continúa ocupando un lugar central en la religiosidad popular argentina. Cada 8 de enero, su figura vuelve a convocar multitudes y a recordarle al país que, más allá de credos formales, la fe también se construye desde la memoria, la tradición y las creencias del pueblo.
